La naturaleza de los hombres es la misma, son sus hábitos los que los mantienen separados. Confucio.
Interpretar el proceso educativo como la hechura de un ser, a partir de elementos que la naturaleza ofrece, considerando que así como nadie puede darse a sí mismo la vida, tampoco puede conformar su identidad. Esta se conforma a partir de nuestra entrada en este mundo, el cual imperaba antes de nuestra existencia y continuará al reintegrarnos a la naturaleza, es el fondo del interesante y famoso libro de Mary Shelley “Frankenstein”, http://www.taringa.net/posts/info/11954899/Resumen-de-la-novela-Frankenstein-de-Mary-Shelley.html
Sin duda es una manera temeraria de mostrar como, casi de la nada, el Doctor-maestro construye un hombre capaz de enfrentar la vida, aunque en el trayecto encuentre todos los monstruos imaginables que se oponen a un avance definitivo hacia una vida plena y feliz, de acuerdo a las apreciaciones de Phillippe Meirieu en su libro: “Frankenstein Educador”.
El autor en su introducción al análisis de la novela se afana por mostrar la importancia creciente de Ginebra, ciudad y país –en su momento- en materia de educación, a partir de un Rousseau, escritor y naturista, despreciado por los ginebrinos de su época -1700- cuyas autoridades ordenaron la destrucción de sus dos obras fundamentales –El Emilio y El Contrato Social- “desgarrados y quemados” reza la determinación oficial, “por temerarios, escandalosos, impíos”, hasta la figura extraordinaria de Jean Piaget, pasando por Freinet, Bover y otros, que dan renombre a esa ciudad, hoy parte de una Suiza en que la educación cuenta con altos índices de calidad y entrega eventos educativos importantes para la humanidad.
Se aprecian dos características del ser humano: capacidad de aprendizaje y voluntad de elegir. Se considera que tiene necesidades extremas de que le ayuden a equilibrar, gradualmente, sus potencialidades mentales para vivir en el Planeta. Esa sería la tarea de la educación, sin delimitarlo: es individuo libre. Estos aspectos diferencian claramente a los hombres de los animales.
Meirieu enfatiza que educar no es solo desplegar una inteligencia formal, capaz de resolver problemas, es también, “desarrollar una inteligencia histórica, capaz de discernir en qué herencias culturales se está inscrito” (páginas 24 y 25). Este aspecto es muy importante, si se ignoraran aportes de predecesores de nuestra cultura, podríamos caer constantemente en los mismos errores, incluso no entender porqué son errores. De allí que educar sea, ante todo, incorporarse a un universo cultural cada vez más complejo dado que, el entorno cultural cambia radicalmente de una generación a otra.
En el texto se acentúa la percepción que existe, acerca de que la educación es vital para nuestro porvenir y, por ello, el rol creciente del docente como educador. Este debe alejarse del determinismo y fatalismo que cubrieron su tarea en tiempos pasados; estar convencido de su labor y creer en la perspectiva de lograr algo con el educando. Esto permitirá al educador considerar al ser que educa, como su logro.
El autor compara el relato del Pigmalión con una contradicción que suele darse en la tarea educativa: “el educador quiere hacer al otro, pero también busca que el otro escape a su poder para que pueda adherirse a ese mismo poder libremente. Una adhesión forzada (…) no puede satisfacerle” (página 35). En tal sentido, el educador, no se complace con que el alumno sea un simple producto pasivo, busca en él una persona libre, confiando que con esa libertad le reconozca la misión realizada.
Meirieu relaciona, a su vez, la educación con Pinocho –el de la nariz larga-. A partir de tal, obtiene puntuales conclusiones. Señala como a menudo, persiguiendo el bien del educando, los docentes “dejan en la cuneta” los intereses de este. Asevera, además, que en tanto el alumno no se “sitúe en el yo”, orientará sus actos a partir de intereses de otros o de sus impulsos. Cuando pueda “situarse en el yo” y ejerza su voluntad reflexiva, podrá realizar “un gesto que no ha hecho nunca y que no sabe hacer, pero que debe hacer precisamente para aprender a hacerlo” (páginas 39 y 40).
Para el autor, tanto Pigmalión como Pinocho son materia prima que el ser humano manipula con un objetivo: fabricar lo humano. El Golem se diferencia de los dos al decidir su creación para “fabricar” un servidor. http://bulbapedia.bulbagarden.net/wiki/Golem_(Pokémon) Habrá de considerarse a Hegel, quien precisaba que los esclavos no se dejan dominar buenamente. El amo quiere ser recordado libremente por su esclavo, pero este es incapaz de ello, por la misma dependencia que lo encadena a él. La historia humana está plagada de circunstancias similares, al realizarse la conquista de pueblos, ya sea por las armas, la religión o más recientemente a base del poder económico que avasalla al dominado.
Lo mismo ocurre con el educador –afirma Meirieu- busca afanosamente que el educando-alumno reconozca su labor y la comparta libremente, lo que se da si el educador posee virtudes y maneja valores que hagan mella decisiva en el alumno. Podría, por tanto, preguntarse: ¿Es posible formar a una persona, sin que sienta dependencia respecto a quien le formó?.
Por otro lado, pone de manifiesto el autor, el mimetismo que se da en la conexión de filiación entre la “criatura” y su creador. Por ejemplo, existe confusión entre el Dr. Frankenstein y “su” monstruo. El mismo mimetismo puede darse, entre educando y educador. Ocurre cuando este último aprecia al 1º como obra suya y pretende “poseerlo”. En ese caso, la persona educada puede ser convertida, por quien la educa en un medio de autocomplacencia, que el autor caracteriza como “infernal” (Pag 56).
Se enfatiza que la “criatura” formada por Frankenstein es profundamente “buena”, como el ser humano “en estado de naturaleza”, concebido por J. J. Rousseau. Sus sentimientos negativos van surgiendo del egoísmo de los hombres, principalmente del abandono de su creador. Se convierte en un “monstruo” porque nadie se ocupó de su educación. La desgracia de Frankenstein y su “criatura” se inicia cuando el Dr. cree que su trabajo terminó en la “fabricación”. Error de docentes que afirman: la educación se limita a la poiesis. Ver: pag. 134 y siguientes. http://pedagogia.fcep.urv.cat/revistaut/revistes/desembre05/article09.pdf
El autor asevera que la poiesis se detiene en cuanto alcanza su objetivo. La praxis, por su lado, es una acción que no tiene más finalidad que ella misma, por eso es un acto que nunca termina, que debe realizarse en su continuidad. Por tanto, la educación no puede reducirse a la poiesis, sería tanto como reducir al sujeto educado, a un resultado definitivo. La educación debe trabajar con sujetos únicos que se obligan y se encuentran, debe ser trabajada como praxis. Al finalizar este apartado, concluye que la educación no puede ser prevista y que siempre será un campo de grandes dificultades. Ante estas uno puede: o bien huir siempre -como actuó el Doctor Frankenstein- o aceptar la tarea.
Por una verdadera “revolución copernicana” en pedagogía. Meirieu comienza este capítulo, acentuando el peso de los conocimientos adquiridos por los alumnos, en el contexto en que fueron elaborados, buscando se conecten con aquello que les da sentido. Plantea destacar que tales conocimientos son respuestas de pensadores a dudas humanas medulares, que plantea la cultura. Si logra la pedagogía centrarse en la relación sujeto-mundo, se obtendrá la revolución copernicana real en pedagogía, alejándola de la educación como fabricación. http://www.google.com.mx/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=8&ved=0CGQQFjAH&url=http%3A%2F%2Fwww.menesianosic.net%2Fdescargas%2Fdocs%2Fcongresopedagogico2008%2FCPM_Documentos_3raEtapa_Material_2_RevolucionCopernicana.doc&ei=cX0cU-6_EKHayAH3roCYAQ&usg=AFQjCNGeK9XCVXWZBhoYMJgJkbS3jm1pVA&sig2=R5RIgGmPCTCxnpD3MncjoQ&bvm=bv.62578216,d.aWc
De tal forma el educando será capaz de “construirse a sí mismo, como `sujeto en el mundo´” (página 70). Para llegar a esta “revolución” hay exigencias: renunciar a convertir la relación de filiación en una de causalidad o de posesión, acogiendo a quien llega como sujeto inscrito en una historia que puede superar; reconocer al educando como persona que no puedo modelar a mi agrado, considerando lógico que se resista a ello. Aceptar que la transmisión de conocimientos no es acto mecánico: el alumno es “cautivado” básicamente por quienes aludan a temas que le turben y mete en su proyecto conocimientos que, descubre, contribuirán a su desarrollo.
Corroborar que aunque la educación sea obligatoria, todo aprendizaje entraña una decisión personal de quien asimila. Por esta decisión puede superar lo que le viene dado y no encadenarse a vaticinios de su entorno. Crear, en contraposición a excesos individualistas de la sociedad, “espacios de seguridad” en el ámbito educativo, que posibiliten el aprendizaje inscrito en problemas reales que le den sentido. Registrar en el corazón de la actividad educativa la autonomía del sujeto. Esta se irá adquiriendo acompasadamente en el curso de la educación, jamás de manera acabada. No es un estado definitivo, sino un principio regulador de la actividad pedagógica, dado a partir de la apropiación y reutilización de un saber.
Admitir: la pedagogía no se inscribe en el “paradigma fundacional de la investigación científica tradicional”. La certidumbre científica es difícil de obtener, la libertad del sujeto es base de esta disciplina. El encuentro educativo es irreductiblemente singular; la predictibilidad es imposible. El objetivo de la pedagogía es ayudar a los prácticos a juzgar su práctica.
Por último, Meirieu nos invita a dejar de lado utopías, el racionalismo, la irracionalidad, donde todo pretende ser explicado. La escuela real, como la vida –remarca- no puede preverse, tiene mirada positiva sobre este hecho: nos invita a dejar de lado intentos por erradicar lo imprevisto y comenzar a observarlo con curiosidad y no dejar de interrogarnos sobre nuestras decisiones. http://detemasytemas.files.wordpress.com/2012/02/merieu-p-frankestein-educador.pdf
Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Villahermosa, Tab. 9-marzo-14

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