INSTANTE DE BELLEZA NO PREDETERMINADA

Noticia escrita el: 5 junio, 2014 | Por: Carmina Breton

Fotografía: Carmina Bretón

Se abren las flores a campo abierto mientras por el bosque recorro las inmediaciones de una deliciosa cascada de agua pura y potentemente cristalina. Subo y bajo resbalando por un sendero de arcilla roja y húmeda. Atravieso un puente colgante demasiado viejo, y demasiado fuerte. Al cruzar el río me detiene el olor a leña ardiente, entro en una choza de madera con techo de teja que funge como diminuto restaurante, pido una quesadilla para tranquilizar el hambre, y mientras espero a que la tortilla con queso se caliente en el comal; me percato de que aún sobrevive en estado floreciente, el águila posada sobre la serpiente de nuestra bandera nacional. Este es el pueblo Nahua. Reposo sobre una banca de madera en la tierra de los hijos de Axayácatl, de aquellos héroes que se pasean transportando semillas y carbón sobre las mulas, gente que tanto sonríe, como sus propias miradas hablan en lenguaje mexicano, y con absoluto orgullo. El corazón que llevan dentro repica como sonajas de cascabeles, a la vez que se divierten con cosas sencillas y detalles auténticos. Me lanzan una broma; pues se preguntan cómo he llegado hasta allí, y al instante sonrío, cuando un detalle me enloquece, puesto que al bajar la mirada para morder la quesadilla, saboreo de una experiencia única; justo al asimilar la magnífica mezcla de un mantel color azul cielo, con su salero como hermano gemelo, que seguramente sirve para condimentar con sal y chiltepín, el alma de los mismos dioses de aquel bosque, tomo la cámara y se congela en imagen este manifiesto:

Instante de belleza no predeterminada:
“Salero sobre mantel, en la casa del sol”


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