Diversidad Sexual

Noticia escrita el: 3 enero, 2016 | Por: Dra. Gabriela del Carmen Chen Licona

 

Pareciera que de unos años hacia acá, este término estuviese de moda, se escucha por todos lados, se menciona en cualquier ámbito incluso sin saber el significado real.

La heteronormatividad es una ideología que condiciona y dicta el cómo debe ser y cómo debe expresarse la sexualidad de las personas que vivimos en una sociedad determinada. Es decir, nos impone el relacionarnos amorosa y/o eróticamente con una persona de un sexo diferente al nuestro, porque eso se considera “normal” y “correcto”. También nos hace vestirnos, hablar y comportarnos de acuerdo al género que se supone nos pertenece (femenino, masculino). Hay códigos sociales no escritos acerca de la sexualidad y sus formas de vinculación, basta mencionar la no aceptación de ciertas relaciones, la homofobia, la diferencia de edades “permitida” entre los miembros de una pareja, prácticas que pueden estar legalizadas pero no ser aceptadas socialmente, etc.

De hecho,  la palabra diversidad hace alusión a la variedad o pluralidad y va de la mano con la libertad de expresión, ambas importantes en la mayoría de las sociedades. Los límites de sus manifestaciones varían de una población a otra, no hay un acuerdo universal para decidir lo que es aceptable o no respecto a los comportamientos, identidades u orientaciones sexuales.

Entonces,  el concepto de diversidad sexual  engloba a todas aquellas expresiones de la sexualidad que están fuera de lo que indica el heterosexismo normativo, por nombrar algunas: homosexualidad, bisexualidad, travestismo, transgenerismo, transexualidad e intersexualidad.

Para comprender mejor de qué se trata todo esto y desenmarañar la madeja de posibilidades, es necesario detallar algunos puntos clave en los que se basan dichas manifestaciones:

Sexualidad se refiere al proceso complejo de construcción social con bases psicofisiológicas y culturales. Un concepto acuñado por Barrios, D. (2005) y nos da a entender que es este constructo es variable de persona a persona, distinta en cada país y en cada época en la que hemos vivido generación tras generación. Según varios autores, la sexualidad está conformada por seis elementos: sexo, género, erotismo, reproductividad, vínculos afectivos y coito o intercurso (Álvarez-Gayou, J. L. 1986; Barrios, D. 2005; Gutiérrez, J. L. 2010; Rubio, E. 1998). Cada uno de ellos interrelacionados entre sí pero a la vez, totalmente independientes, ya que puede existir coito sin reproductividad o sin vínculo afectivo, existe reproducción sin relaciones sexuales coitales o personas que se relacionen entre sí mediante su erotismo sin importar sexo o género.

La palabra sexo (del latín sexum) se refiere a las diferencias biológicas que nos distinguen como hembras y machos de determinada especie, en este caso, los seres humanos. Es importante aclarar que sexo no es sinónimo de coito, como generalmente se maneja.

El género entonces es la expresión pública del sexo, es decir, a partir del sexo biológico (hombre o mujer), la sociedad asigna un comportamiento o rol determinado para cada persona y ambos deben coincidir como se espera. Por ejemplo, si nace un bebé, el médic@ comprobará que si tiene vulva su sexo es de mujer,  por lo tanto su género es femenino y debe jugar con muñecas, juegos de té, debe vestir de rosa y no decir malas palabras.

Existe la identidad sexogenérica,  es la que nos dice cómo un@ se ve a sí mism@ como hombre o mujer, es la percepción individual de lo femenino o masculino.  La orientación sexogenérica se refiere a la atracción erótica, sexual, afectiva y/o amorosa hacia otra persona. Se conocen a la fecha tres orientaciones: heterosexual, homosexual y bisexual; aún está en discusión si la asexualidad pudiera entrar o no en esta categoría.

La heterosexualidad según estadísticas es la más frecuente a nivel mundial, por ello se atreven a catalogarla como “normal o natural”, una persona que se siente atraída por otra del sexo contrario (hombre-mujer).

La homosexualidad se caracteriza por la atracción entre personas del mismo sexo (hombre-hombre, mujer-mujer). La bisexualidad es esa afinidad por cualquiera de los dos sexos, yo lo explico de manera sencilla: “la persona se enamora o se erotiza de otra persona, sin importar el estuche en el que viene envuelta”.

Ahora bien, una persona puede tener un sexo biológico y fenotípico de mujer pero su identidad corresponde a la de un varón, lo mismo que su género; esta condición se conoce como transgenerismo. Independientemente de su orientación sexogenérica, la cual puede ser incluso bisexual, es decir, se siente atraída física y sexualmente tanto por mujeres como por varones.

El gusto o la excitación por vestirse con ropa de otro género se denomina travestismo, no tiene nada que ver con la identidad o la orientación sexogenérica.

Cuando por diferentes factores  (físicos, biológicos, ambientales, etc.) se altera el proceso de diferenciación sexual en el desarrollo embrionario, puede dar origen a la condición conocida como intersexualidad o ambigüedad genital, es decir, órganos sexuales internos y/o externos que no corresponden a un sexo determinado.

En resumen, las distintas formas que la sexualidad adopta en diferentes culturas y épocas, en ocasiones sólo tienen en común las características biológicas que limitan las maneras de relacionarse un@s con otr@s, pero no las de obtener placer.

Finalmente, no debemos olvidar que cada persona vivirá y expresará una sexualidad que le es propia, con la inconfundible marca de su historia personal,  lo cual no siempre será aceptable  para otr@s ni mucho menos  entendible por los rígidos cánones sociales. Sólo debemos comprender que la naturaleza tiene manifestaciones distintas y todas ellas colorean la gama de posibilidades que tenemos todos los seres vivos para convivir y cohabitar el planeta.

Correo electrónico : gcchenl@hotmail.com

 

 


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