El medio tiempo que incomodó a Estados Unidos

Noticia escrita el: 9 febrero, 2026 | Por: Administrador

 

 

Nota escrita por: Arturo Velázquez

 

El medio tiempo del Super Bowl protagonizado por Bad Bunny no fue solo un espectáculo musical. Fue un acto cultural y político que, desde antes de iniciar, ya había generado incomodidad en sectores conservadores de Estados Unidos. Las críticas no se hicieron esperar: “Bad Bunny no es música”, decían algunos; “no representa nuestros valores”, insistían otros. En realidad, lo que estaba en juego no era la música, sino la identidad.

La polémica previa al show dejó claro el trasfondo del debate. Influencers como Jake Paul difundieron mensajes abiertamente xenófobos; grupos conservadores intentaron impulsar un medio tiempo alternativo con artistas que, según ellos, representaban “lo verdaderamente americano”. A esto se sumaron los mensajes políticos de Bad Bunny en ceremonias como los Grammy y, posteriormente, las declaraciones del propio Donald Trump, que evidencian el rechazo persistente hacia la comunidad latina. El escenario estaba listo: el Super Bowl se convirtió, sin proponérselo, en un campo de disputa cultural.

Desde el primer minuto, el mensaje fue contundente. El show abrió con una telenovela latina, una decisión simbólica que marcó el tono de todo el espectáculo. No hubo traducciones, no hubo concesiones al inglés, no hubo intentos por suavizar la identidad para hacerla más “aceptable”. Fue un medio tiempo completamente latino en el evento más emblemático de la cultura estadounidense.

A diferencia de otros shows con presencia latina —como el de Shakira y J.Lo—, donde la representación convivía con canciones en inglés y discursos pensados para no incomodar, Bad Bunny optó por una postura clara: este era un espacio latino, contado desde lo latino y para lo latino. Y eso, para muchos, fue el verdadero problema.

El recorrido visual y musical estuvo lleno de referencias a Puerto Rico que, al mismo tiempo, conectan con México, Colombia y el resto de América Latina. La “casita”, las bodas, la música, los gestos cotidianos: escenas que no pertenecen a un solo país, sino a una experiencia compartida. Esa es la identidad latina que el show puso en el centro del escenario más “americano” del mundo.

El momento político más claro llegó con El Apagón, una referencia directa a la crisis energética de Puerto Rico y a la relación desigual con Estados Unidos. Bad Bunny no solo canta: denuncia. Utiliza el entretenimiento para visibilizar problemas estructurales que suelen quedar fuera del discurso dominante. La cultura, en este caso, funciona como resistencia.

El cierre fue igual de simbólico: banderas de todo el continente y un mensaje implícito pero poderoso. América no es solo Estados Unidos. América somos todos los países que conforman este continente. Una verdad evidente para millones de personas, pero que aún incomoda a quienes se asumen como el centro del mundo.

Por eso, el medio tiempo de Bad Bunny fue mucho más que un show. Fue un recordatorio de que la cultura también es política, de que la identidad no se traduce para ser válida y de que la representación, cuando es auténtica, siempre incomoda al poder. Y quizá por eso mismo, fue uno de los medios tiempos más importantes —y necesarios— en la historia del Super Bowl.