¡Feliz Día de las Madres!

Noticia escrita el: 10 mayo, 2014 | Por: Carmina Breton

Este es un mensaje dedicado a las madres que son y serán por siempre, el símbolo de lucha a favor de la vida. Mujeres que lo han olvidado todo cuando ha sido necesario sostener al hijo. Un abrazo para aquellas que como mayor proyecto de bondad alimentan el amor de modo natural. Por siempre, la miel para los hijos y vaso de leche al atardecer. He tenido el gusto de conocer señoras que son madres en distintos países, y por fortuna, todas ellas han sido capaces de volar hasta lo más alto de los cielos, si por algún motivo su niña o niño despegaban del suelo envueltos en nebulosos letargos. He visto madres transmitiendo reglas y costumbres; las enseñanzas de las bisabuelas más ancestrales. Van ellas de manera suave cortando gripes y dolores estomacales con remedios caseros, y también, las he visto llamando de manera urgente al doctor cuando la gripe del niño se pone severa, y como no, disfrutando al observar a su diminuto héroe ganar la medalla de oro, o ya sea de bronce en las olimpiadas infantiles de distintas escuelas. Y en el fondo de todo cuidado, con protección y delicadeza, se esconde el secreto más enigmático de todo concepto evolutivo más analizado y estudiado. Es decir; los humanos seguimos dando lucha en este mundo como entes vivos tan sólo por una palabra, que por más que a muchos parezca trillada, es ella, el vértice de la vida; me refiero a la palabra AMOR. Y puesto que es tan liviana la fragilidad humana, es la madre, ciertamente un fuerte impulso; un poco sabio, o sin grandes estudios, otras veces bromista, unas más elocuente, y otras, la imprudencia que chapada a la antigua junto con ese terrible pleito comprado con la tecnología y que queriendo aprender, son el verdadero coco de los hijos cibernéticos. Pero son en efecto las madres, la potencia que repleta de cariño, intentará por siempre, apartar al hijo de toda desolación, y que aun cuando algunos hemos llegado a casa con el corazón hecho pedazos, y cuando cosa peor, hemos perdido toda la fe, son ellas quienes procuran dar consuelo a lo que el hijo guarda en sus entrañas y que jamás le cuenta, pero son esos secretos, que ellas de sobra intuyen y perciben, los que hacen que sin decir palabra nos brinden la mano, y eso no lo saben por brujas, sino por la mágica intuición, ese sentido que sólo proviene del alma materna. Y así es que ellas saben tanto, y que si alguna vez muchos azotamos andando en bicicleta, ellas muy pronto ya estaban ahí:

Y si tropezamos.

Y si nos descalabramos.

Y si nos insolamos.

Y si nos dio temperatura.

Y si recibimos un palo en la piñata cuando fuimos niños, y si sufrimos mal de amores en la adolescencia y si un accidente fuerte o enfermedad nos lastimó cuando adultos; la madre siempre ha estado ahí. Y contando cuentos al infante, sufriendo insomnios por su adolescente que apenas sale a las fiestas, y hablando fuerte al hijo adulto cuando a este se le suelta la rienda, viven por y para el otro. Así, apoyando en primera fila en el parto de su primer nieto, pendientes de las vacunas, o confeccionando arreglos para el bautizo, con las manos llenas y prestas para preparar guisos suculentos a su familia, con sus colecciones de collares, de casas de madera, los saleros de todo tipo, las preocupaciones cotidianas sobre el sustento familiar, el amor a la lectura, la paciencia en las tareas escolares, el cuidado en la reproducción de búlgaros, las tensiones en el trabajo o a veces, cuidando de la oveja adulta y descarriada, van y brincan inclusive de noche a las calles y se dejan el pellejo en ello, y por qué no; algunas veces, son muy imprudentes y otras más, muy de vez en cuando, la típica suegra que defiende a sus pollitos y que por lo regular todas las nueras les temen. ¡Ja! ¡Pero!

Eh, eh, eh, una perla en tono blanco de espuma de mar para la Madre.

Sí, sí, sí, una rosa de terciopelo rojo para su jarrón.

Aplauso respetuoso.

Y claro; un abrazo caluroso día con día y no sólo por hoy.

Pero, yo doy gracias al cielo por tener aquí, a mi lado, a la señora madre mía:

“Cielo rojo” Para Ti Mamá. Con su mariachi, guitarras y trompetas: Tú. Amante de la luna, ¡Luna, lunática, y lunera! Tú, paciente con paciencia en esperar el nuevo cometa que por ahí dicen se asoma por las noches en nuestro cielo. Esa mirada fija en el cenit del firmamento y su toque emotivo al observar con la cara en alto, el rojo de venus y su latente centelleo. Riego diario a tu bonsái, preciosura de tronco fuerte y ancho, árbol llamado “hoja de la fortuna” y que digamos, es ya casi cosa eterna. Cero en conducta en el total consentimiento y absoluta complicidad con las fechorías divertidas de los doce nietos que te agrandaron la familia. Bolsas reciclables de supermercado; unas con fruta para tu casa, y alguna que otra más, con carne para el indigente más cercano. Esculturas en resina labradas a mano y seis hijos de parto natural. Cabaña en un bosque mágico, en un paralelo digamos que, entre la espesura de coníferas y grandes rocas prehistóricas, mientras más recóndito, más lo amas. Chimenea con trozos de madera hirviente que disfrutas en compañía de mi padre y muchos otros amigos de antaño. En fin, siempre una señora. Y hoy y siempre, aquí estamos tus hijos ¡Feliz día!

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