Sexta Parte.
Próximo a terminar la vuelta por las cumbres culturales que la humanidad creó, en cuanto a la escuela como fuente de su desarrollo integral, veremos ahora la evolución que representa la conjunción de dos culturas e influencia de varias más. Me refiero a la cultura Maya-Quiche, aposentada en los territorios de la floreciente civilización quiche, que abarcaba, desde las costas del Pacífico en Centroamérica, hasta las alejadas tierras del Petén.
En su entorno vivían diversos pueblos, con niveles culturales en evolución, que competían con los quiches de inicio. En el oriente estaban los cakchiqueles, rivales de los quiches. En esa misma área, los zutuhiles se congregaban en las inmediaciones del lago de Atitlán; los Pocomanes que se desplegaban en el lago del Amatitlán y las montañas, próximas a la actual ciudad de Guatemala. La región occidental del país estaba habitada por Mames y al norte Poconchies. Juntos, estos pueblos -que ya habían alcanzado un alto nivel de cultura- conformaron la civilización Maya-Quiche.
Coincidente con la salida de los pueblos mayas que habían de poblar Uxmal y Chichen Itzá -del nuevo imperio maya- el éxodo de estos pueblos se inició en el siglo VII de nuestra era. Las tribus que se encauzaron hacia la hoy Guatemala, eran -ver el Popol Vuh- de origen Yaki o Tolteca. De ahí que la cultura de los Maya-Quiche posea elementos tanto de la civilización Maya -antiguo imperio- extensa y profunda en sus conocimientos y de la Tolteca, que en época anterior estampó sus marcas imborrables, ya señaladas.
Similar a los mayas, la economía de los pueblos maya-quiche se basó en el cultivo del maíz. Durante los momentos del éxodo, múltiples carencias soportaron ante la escasez del grano. Al instalarse en sociedades, la primera forma de la esclavitud surgió en el seno mismo de la sociedad patriarcal o gentilicia. Se trataba de una esclavitud doméstica, allí los esclavos eran utilizados como trabajadores domésticos y mano de obra complementaria; el trabajo productivo básico lo realizaban los miembros libres del pueblo.
En la etapa evolutiva en que iban, todavía no lograban los instrumentos de producción adecuados para emprender una explotación en gran escala y con ello, incursionar en la etapa de la esclavitud. Como en los pueblos que les antecedieron, los esclavos eran por lo general rehenes de guerra, aunque en su mayoría se les sacrificaba ante los dioses. En consecuencia se mantuvo la inexistencia de clases sociales, debido a que el régimen de propiedad era comunal y no daba pie a explotados ni explotadores.
Era importante recordar lo anterior, para entender como ciencias y artes no solo eran reflejos de las culturas previas, sino que en esta cultura habían alcanzado un desarrollo propio considerable. Por ello, en su riqueza cultural existían los elementos de los antiguos mayas, toltecas y demás, pero evolucionaron hacia una escritura jeroglífica que en su fase ideográfica, la practicaban en hojas de ámate; tenían calendario con precisión de días, meses y años. En su evolución, emplearon mantas de algodón, pieles de venado, corteza de árboles o papel hecho de ciertas plantas, para su escritura, a diferencia de los mayas que usaron de preferencia la piedra.
La precisión de los antiguos mayas se empleó para un calendario compuesto de 18 meses de 20 días cada uno, resultando un año de 365 días al cual agregaban 5 días vagos al final de los 18 meses. Este calendario era para las tareas agrícolas y las conmemoraciones. Para predicciones especiales y visualización de profecías, empleaban el Cholquih -Tzolkin de los Antiguos Mayas- calendario lunar compuesto de 260 días.
Los restos arqueológicos y el testimonio de los primeros españoles llegados a sus tierras, corroboran el gran desarrollo en artes y ciencia, en el cultivo de la música y la danza. La pintura tenía aplicación en utensilios de uso doméstico, decorados con lujo de colores. El gusto por la Astrología les lleva a realizar: cálculos astronómicos, registro de eclipses y fenómenos meteorológicos. También ejercían la medicina con rutinas que aún emplean los “brujos” en las regiones más retiradas de los influjos innovadores.
Al ser portadores de culturas antiguas, provenientes de mayas y toltecas, las formas de su educación poseen rasgos similares. Desde el tiempo del Éxodo, los quiches mostraban preponderancia sobre las otras tribus. Los españoles reseñan que a su llegada en el siglo XVI, constituían el pueblo mas culto. Tanto los quiches como los toltecas, elegían como jefes a sus sacerdotes, por ser los sabios y adivinos y sabían de encantamientos.
Los M-Q eran cariñosos con sus hijos, les consagraban mucho tiempo y todo suerte de cuidados. Ahí se iniciaba la educación. Con total y especial provisión cuidaban y educaban a sus descendientes. Se afligían para que se formasen acordes a su sexo, retando la homosexualidad.
Los niños estaban bajo cuidados y educación hasta los 7 años, con sus padres, pasando después a un internado. Allí se les enseñaba a vivir con templanza y frugalidad. Tradiciones y costumbres eran sostenidas, desde el hogar y las autoridades, esmeradamente. Se formaba en los internados y lo externaban en la vida práctica, su alto espíritu de laboriosidad. La carencia de clases sociales definidas y las parcas exigencias que tenían, les hacían vivir con cierta holgura. Los conocimientos en ciencias y artes, pasaban de generación en generación como patrimonio de su cultura; los que se reformaban con nuevas formas de convivencia. Por ejemplo: el matrimonio, que requería que la nuera, pasara a ser una temporada, una nuevo miembro de la familia, a fin de que experimentara en casa de los suegros, los usos y costumbres y los mantuviera en la nueva familia que con ella se formaría.
Dentro de la formación de la mujer, estaban las artes de hilar, tejer, crear trajes sencillos. Las industrias se desarrollaban en el hogar y eran generalmente atendidas por la mujer. Las fiestas religiosas y civiles eran animadas con danzas de carácter recreativo y un propósito ritual. De allí que la educación entre los mayas-quiches, era similar a la de los mayas. Su vida estaba dedicada al trabajo. Vivian la fase expansionista y conquistadora, por lo que la preparación para la guerra y las prácticas religiosa abarcaban buena parte del tiempo.
Podríamos ahora intentar unos apuntes breves acerca de las características básicas que define la educación en las civilizaciones que hemos visitado. Primero se aprecia que era bien definida por el Estado, fuese esta la realizada al interior del hogar o en la comunidad, o prestados los servicios educativos por el propio gobierno. Si bien de modos distintos, la educación busca dar respuestas directas a las necesidades o requerimientos de los pueblos en cuanto al trabajo comunitario, el realizado en el hogar para las industrias que allí se generaban. Las metodologías eran sencillas, simples, generalmente espontáneas, reflejas y tradicionalistas. En prácticamente todas las culturas no existía un sistema educativo como tal; esta tarea la llevaban, los jefes del hogar en las familias y las comunidades y los sacerdotes y sabios –en algunos casos- para la formación de la mujer y de nuevos investigadores o soldados –como ocurría en los pueblos guerreros-.
Había diferencias sustanciales entre la educación del hombre y la de la mujer. Ella se formaba, en el hogar o en los internados. En el primero aprendía quehaceres hogareños, el cuidado de los niños –tan importante en algunas de estas culturas- en los internados o escuelas especializadas se les formaba, ya sea para su elección hacia el matrimonio o consagrarse al servicio de los dioses en templos y lugares dedicados a ellos. Al conformarse la esclavitud, -así fuera en la fase doméstica- se iniciaba la división de clases y con ello la preocupación por la educación de los descendientes de las clases altas. Al romperse la estructura social de cada uno de los pueblos señalados, la educación de su gente se concentró en la familia y las comunidades que lograron mantener su autonomía ante el embate violento de conquistadores que implantaron nuevas formas religiosas y culturales, yuxtaponiéndolas a las existentes. (Continuará)
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