Aldo COSTILLA ROJAS
Según la teoría liberalista, en la que, entre otras cosas, se privilegia la autorregulación del individuo, cada persona tiene la determinación innata de decidir entre el óptimo y las demás opciones para sí mismo. Por ejemplo, el óptimo de un padre de familia trabajador es que a través del ingreso su familia alcance el bienestar, sin embargo, si este individuo decide gastar en apuestas y pierde, el óptimo está descartado. En cualquiera de los casos se privilegia la libertad determinativa del hombre en cuestión. Frente a estas dos situaciones la variable familia en el primer caso es beneficiada por el elemento productivo, mientras que en el segundo caso pierde el amparo económico. Esta misma situación es aplicable como argumento en el debate sobre la legalización de las drogas.
Seamos objetivos, la lucha contra el tabaquismo y alcoholismo, además de haber cobrado muchas vidas, ha cobra una factura superlativa al Sistema de Salud. Si todo este dinero invertido en la prevención y tratamiento de enfermedades causadas por estas sustancias se invirtiera en investigación médica y atención al cáncer hoy estaríamos varios pasos adelante en materia de tecnología médica. Sin embargo, se sigue gastando millones en campañas y por otra parte la sociedad presenta a estos vicios como el alma de la fiesta.
Imaginemos que dentro de 30 años el Estado, a través del sistema de Salud este realizando campañas en contra del consumo de mariguana. Sería ilógico.
Si esta libertad individual de elección en muchas familias y en el país mismo cobra el bienestar colectivo, la legalización de la mariguana significa una decisión individual de quien la consume que atenta contra el colectivo. Al igual que un fumador pasivo es lastimado por ejecutor, un fumador pasivo del cannabis será afectado, por salud y económicamente, si depende del consumidor.
Recientemente se aprobó un impuesto a las bebidas azucaradas para supuestamente revertir el gasto que significan las enfermedades derivadas del azúcar y en la práctica este impuesto no sirve de nada, masque para satisfacer la corrupción. En esta línea, la legalización se haría acompañar de levados impuestos, que terminarían en cualquier otra parte menos en la atención de enfermedades y muertes accidentales causadas por el consumo de mariguana.
Pese a las características adversas del cannabis algunas positivas deben ser preservadas, como su uso médico, siempre y cuando sea tras investigaciones serias y en consumo estrictamente de tratamiento médico.
Al deterioro del Sistema de Salud no se le puede aumentar el permiso de una nueva adicción. Al riesgo de accidentes viales no se le debe sumar una nueva distorsión de la realidad.
Finalmente, que su legalización sería un atenuante para la violencia y la pérdida del poder comercializador del narcotráfico, es un error. La violencia se castiga con un efectivo sistema judicial, la inseguridad se detiene con seguridad, educación y empleo, y la corrupción con honestidad, ninguno de estos problemas se frena con legalización.