La escuela del futuro o ¿El futuro de la escuela?.

Noticia escrita el: 30 julio, 2013 | Por: Víctor Manuel Barceló R

                                                             Novena Parte.

La inmersión -así sea en las aguas mansas de la investigación- nos llevó a visitar un número importante de culturas antiguas –Mesoamericanas, Asiáticas, sudamericanas y europeas- para formarnos una idea de la importancia invariable y progresiva, que la educación muestra en su crecimiento como pueblos de un desarrollo cultural impresionante.

En algunos casos –Japón, China- nos asomamos a las formas de su educación actual, que en los dos casos mencionados llevan a sus respectivas culturas a niveles de excelencia y preparación profunda para la vida que coloca, a una y otra naciones, en la cúspide del desarrollo planetario, a pesar de sus diferencias marcadas en cuanto a recursos, de toda índole con que cuenta uno de ellos (China) y los malabarismo de política exterior que magistralmente maneja el Japón, para allegarse bienes y servicios para procesarlo, su aprovechamiento interno y exportación.

Los impactantes vestigios en la Mesopotamia milenaria y sus culturas-eje en la región, son equiparables a las de nuestra América, con los Olmecas y sus cabezas gigantes; Toltecas que nos legaron sus espectaculares pirámides y empeños ecuménicos en Cholula; Mayas y su conocimiento profundo de la astrología; Incas que adoraron al Sol y a la Luna con desconcertantes presencias de ruinas arqueológicas, aún no desentrañadas del todo y los Maya-Quiches, como el reservorio en que Mesoamérica depositó sus excelencias culturales, para preservación y conducción del futuro.

La educación en México no puede desligarse de una cadena de factores que fueron cimiento de pueblos antiguos en que venimos abrevando, tanto los nativos u originarios de nuestro territorio, como los que vinieron con impactos bélicos y sus consecuencias en la cultura. En especial la mezcla con el español, descendiente de lo mejor de Europa –Grecia y Mesopotamia- y de los pueblos bárbaros que se instalaron en la Península Ibérica, imbuyéndole el  espíritu bélico que les llevó a recorrer más allá del mundo conocido en el siglo XV, arribando a islas y costas del Continente Americano, para posesionarse de él por 300 años, compartiendo el Norte con los anglosajones y el Caribe con diversas naciones europeas.

Nuestro proceso educativo moderno se gesta en el S. XIX, tras eventos sociales-armados, que culminaron en la Independencia del yugo español. Sus antecedentes se remontan a la educación precolombina, que como vimos posee rasgos similares en las diversas culturas que poblaban el Continente, en  especial Mesoamérica. Durante la colonia, el sistema de educación de Nueva España, se realizó en modalidades. Evangelizadora: la más importante para justificar expedición y conquista de nuevos territorios, idealmente dirigida a todos los grupos sociales. Artes y oficios: en que se preparaban maestros-artesanos para cubrir demandas de producción secundaria en el buen funcionamiento de las comunidades -herreros, peleteros, talabarteros, zapateros y otros- generalmente provenientes de clases populares.

Seminarios: formando clérigos para los nuevos territorios. Se integraba con pobladores de todos los grupos sociales; pero los de sectores ricos e influyentes, preferentemente iban a puestos políticos de la iglesia, para preservar su control. Universitaria: dirigida a la sociedad novohispana, marginando a los más pobres. Femenina: para clases altas; empero, fue en la que menos interés tenían las autoridades y su desarrollo fue casi nulo. La educación recaía en grupos religiosos. Las autoridades que vigilaban intereses políticos y económicos de la Corona, se limitaban a avalar los esfuerzos educativos, realizados por los clérigos. En un inicio, Franciscanos fueron los responsables de adoctrinar a los conquistados. Su sistema les llevaba, a aprender español y “convertirse” al catolicismo. Algunos fueron adoctrinadores, logrando una evangelización pronta. Finalmente los Jesuitas lograron el poder político e ideológico en la Colonia. Esta influencia terminó con la promulgación de las Leyes de Reforma y la incautación de bienes a la iglesia, en el S XIX. Algunos rubros educativos no se desarrollaron al paso que la sociedad demandaba: educación de mujeres y jóvenes. Puede resumirse que el sistema educativo predominante se caracterizó por su rigidez, discriminación de clases, basado en la filosofía de la religión católica.

Las dificultades de la recién establecida nación, estancaron la posibilidad de desarrollar un sistema educativo nacional, al inicio de la vida independiente. La corriente liberal propuso (1833) una reforma suprimiendo participación de la iglesia en la educación, pero no fue bien vista por los conservadores. Esto llevó a una grave paralización, ante los intereses político-militares que llevaron a conflictos armados, al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX. El triunfo liberal impulsó el 1er cambio radical al sistema educativo del México independiente, cuando en 1867 se promulga la Ley Orgánica de Instrucción Pública, en los prolegómenos del gobierno de Benito Juárez, que otorga gratuidad y obligatoriedad a la educación primaria, excluyendo la religión de planes de estudio y confiriendo carácter de laica a la educación impartida en instituciones oficiales. Esta ley aplicaba en territorios federales -incluyendo la capital del país-. Sin embargo tuvo gran impacto en leyes de educación de los estados de la República. Así se abre la educación a sectores pobres de la población. Toca a la corriente positivista, cimentar la Escuela de Estudios Preparatorios. La infraestructura educativa en ese momento tenía 4 570 escuelas (1870), cuando había 2 424 en 1857. Sin embargo, solamente el 19,4% de la población infantil asistía a alguna escuela.

En el porfiriato (1876-1910) el sistema educativo se afectó por el centralismo gubernamental. Las instituciones educativas estatales no contaban con financiamiento y no había política de fomento al crecimiento y consolidación de un sistema nacional. Joaquín Baranda -Ministro de Justicia e Instrucción Pública de 1882-1893- conformó un proyecto “nacional”, que llevó a crear 4 escuelas normales, junto a 4 existentes, situadas en diferentes estados. La Escuela Normal Nacional desde inicios tuvo facultad exclusiva de otorgar títulos para la enseñanza. El esfuerzo, no logró carácter auténticamente nacional a los programas. Los estados no dieron a la educación un carácter desencadenante de desarrollo e igualdad social lo que, además, no era objetivo del gobierno porfiriano.

Con Justo Sierra en la Subsecretaria de Instrucción Pública se ve la urgencia de renovar las instituciones educativas y crear otras, a fin de unificar el sistema educativo y expandirlo a la sociedad. Sierra crea la Secretaria de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1905 –siendo su primer Ministro- y la Universidad Nacional en 1910. Para él, la Universidad cubriría la educación en sus medios superiores e ideales, incorporando el conocimiento universal a las necesidades nacionales y con visión nacionalista. A pesar de los empeños de Baranda, Sierra –impulsor del utilitarismo en la enseñanza primaria- y otros intelectuales mexicanos (Enrique Rébsamen, Ignacio Manuel Altamirano, Ezequiel A. Chávez y José Vasconcelos) en el gobierno de Porfirio Díaz, el sistema de educación nacional sufrió un nuevo tiempo de estancamiento, al dejar de lado la educación básica –porque no había sentido social- privilegiando la universitaria. De ahí que la escolaridad no pasara de 3% anual, y el porcentaje de escolaridad entre la población de 5 a 15 años fuera 23%. Las poblaciones urbanas y semiurbanas fueron las principales beneficiadas por el sistema de educación básica, mediante la instalación de nuevos planteles en las principales ciudades, dejando completamente olvidado al campo. Fue un período de amplio apoyo a la educación universitaria dejando de lado el sistema básico. http://books.google.com.mx/books?id=YjdZVgRQthoC&pg=PA185&lpg=PA185&dq=Justo+Sierra+Su+monumento+en+Europa&source=bl&ots=hR8l2UjLfn&sig=hdAtqdCbOSPSClBirvXhmXGthH8&hl=es&sa=X&ei=bDn1UZLCG4T48wSzpoHQCg&ved=0CFYQ6AEwBQ#v=onepage&q=Justo%20Sierra%20Su%20monumento%20en%20Europa&f=false

La Revolución de 1910 daría inicio a cambios profundos en la vida nacional, sin dejar de lado la educación. Justo Sierra renuncia a su cargo de Ministro de Educación y el gobierno de Fco. I. Madero lo envía a España como su representante, adonde termina sus días. (Continuará)                                                                                     Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Puebla Pue.