La obesidad ha dejado de ser una epidemia para convertirse, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Una “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región independiente de la clase social”. La obesidad infantil es hoy una auténtica crisis de salud pública. A la vista de las desalentadoras estadísticas de esta patología en el mundo, tiene sentido afrontar su prevención desde la más tierna infancia
La nutrición a lo largo de la vida es una de las determinantes principales de la salud y del desarrollo físico y mental del ser humano. La desnutrición durante el periodo crítico del desarrollo (la gestación y los dos primeros años de vida) provoca aumento en el riesgo de morbilidad y mortalidad durante la niñez y efectos adversos en el desarrollo mental y en la capacidad de trabajo a largo plazo. Por otro lado, la mala nutrición por exceso conduce al sobrepeso y la obesidad, condiciones que a su vez son causa de varias enfermedades crónicas no transmisibles, entre las que se incluyen la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, varios tipos de cáncer, así como también el deterioro o desgastes de las articulaciones llevando a los individuos si no tomamos medidas a tiempo a en varios años a estar en silla de ruedas.
Por eso es recomendable llevar una buena alimentación antes, durante y después del periodo de gestación tener una vida tranquila para evitar que los niños nazcan antes de tiempo y procurar incluir en todos los alimentos frutas y verduras desde el desayuno hasta cena ya que los más vulnerables son los niños.
Una alternativa es brindar tanto adultos como a niños capacitación para que aprendan a llevar una alimentación y vida saludable además de enseñar a las mamás a crear los alimentos de su hijos y optimizar el “Tiempo de Mamá”
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