Tercera Parte.
Afirmamos que el Planeta está en una encrucijada de amplio y devastador espectro: crisis económica; altas tasas de desempleo; recesión con inflación; poco o nulo crecimiento de economías nacionales –salvo los del BRICS-; control de principales rubros de actividad económica de las naciones por las trasnacionales. Todo ello lleva a la excesiva concentración del poder y la riqueza en unas cuantas personas, cuyo impacto social es deprimente.
Nos preguntamos de nuevo: ¿Cual es el papel de la escuela en ese entorno caótico? ¿Cómo puede el Sistema Educativo preparar niños y jóvenes para afrontar condiciones universales que impactan negativamente en la organización social de sus comunidades, perturban concepciones del mundo y la vida, sostenedoras de la identidad de pueblos y naciones?.
Entendimos con diversos investigadores que lo que corresponde es redefinir su misión; profundizar el significado de su labor para la sociedad. En paralelo reconstruir su visión, para que oriente su tarea, al lado de la sociedad y para ella. Nuevas maneras de organización, de “reingeniería”, suplirán estructuras vigentes, no aptas para una sociedad que se modifica de manera continua. La innovación es urgente, pero requiere mucha especialización y buen tino.
La escuela necesita ajustarse a esas situaciones. Prepararse para transmitir al educando modernas competencias para nuevas ocupaciones, en que domina el trabajo simbólico. Este se liga a tareas que desarrolla la mente –materia gris decíamos- dedicada a describir problemas, diseño de opciones, ejecución de estrategias. Solo utiliza a quienes manejan competencias intelectuales de alto orden: abstracción, pensamiento sistémico, lógica experimental y sepan trabajar en equipo. Este es el mundo en que se realizarán nuestros alumnos. De allí la pregunta: ¿Estamos preparados para impulsar un cambio pedagógico como el que amerita tal circunstancia?.
Como institución social de 1er orden, la escuela es analizada y cuestionada por tirios y troyanos. La colocan en un punto crítico, reflejo de la sociedad a que sirve. A la vez, las condiciones socio-económicas de cada nación y región necesitan de ella. Por ello se le asigna un rol protagónico como motor de competitividad y de transformaciones económicas y en su condición de institución creadora de equidad y justicia social.
Si bien la escuela debe atender a la preparación de sus educandos, con amplias y claras competencias humanas y cognitivas, que les abran horizontes para participar con éxito en el mundo complejo que les toca vivir, debe vigilar porque su cobertura sea universal y de alta calidad. Sólo así podrá evitar que un amplio sector de la población quede fuera del trabajo moderno y por lo mismo de mejores condiciones de vida. Si la razón es falta de oportunidades, ya no es tarea educativa la que falla, será el Sistema económico que no es capaz de definir y entender su misión en un mundo que, en la práctica, funciona simultáneamente a varias velocidades.
Crear los empleos suficientes y bien remunerados que espera la juventud que va a la escuela y domina las competencias de alta especialidad, es una prioridad. Pero también hay que atender a quienes no logran las aptitudes requeridas para las exigencias de la vida moderna. Siempre habrá en paralelo actividades a las que puedan dedicarse, tan nobles y dignas como las modernas. Para ello el Sistema educativo debe poseer una oferta puntual en E. media superior, que responda a las necesidades de los jóvenes, pero en consonancia con las posibilidades reales de empleo. De no ser así, crecen tanto el desempleo como el trabajo informal. Ambos son lacra, tanto por la pobreza que amplían, como por las conductas antisociales que provocan.
Si vemos con objetividad lo que está ocurriendo, tenemos que admitir que por primera vez, lo que el mercado de trabajo moderno demanda de las escuelas, coincide en mucho con lo que expertos y maestros venimos planteando como propósito de la educación: que el alumno adquiera competencias para pensar por sí mismo, analizar situaciones, resolver problemas, cooperar con otros trabajando en equipo, como señalamos. En síntesis, que use su materia gris en todo su proceso vital.
Para quienes irán a trabajar al sector informal o hijos de familias que viven en la informalidad, es conveniente buscar líneas de acción pedagógico-técnicas, que les den opciones. Estos niños y jóvenes requieren competencias que les impulsen a superar estados sociales y afectivos, que les fortalezcan su cultura, en algunos casos nativa, en otros desarrollada en su afán de escapar de la presión social. Esto entra en el terreno de la vida de las naciones y sus relaciones con otros pueblos de la Tierra.
En ese contexto, ingresamos en el terreno de la democracia. De cómo esta pregona muchos valores sociales para una convivencia racional, humana, benéfica para todos, sin compaginarse con la realidad socio-económica a que estamos orillados los países que no formamos en las filas de los ricos y poderosos.
La contradicción es muy clara: nuestros valores ancestrales y los acuerdos en las cumbres de naciones (ONU, UNESCO, PNUD y otras) nos indican que debemos preparar a nuestras escuelas para enseñar a vivir juntos, a cooperar fraternalmente unos con otros. La educación multicultural es una emergencia. Ver “¿Podremos vivir juntos?”, Alain Touraine. escrito en 1997. http://html.rincondelvago.com/podremos-vivir-juntos_alain-touraine.html
Enfrente está una globalización tanto de la economía como de la cultura, que no solo contradice esos empeños planetarios por la paz, la convivencia pacífica y la solidaridad internacionales, sino que llegan a poner en duda antiguos límites del Estado-Nación, definiendo derechos humanos, a su antojo y conveniencia.
Las fronteras geográficas son ahora cuestión de análisis. Se internacionalizan las áreas en que personas, bienes y capitales se desplazan. Lo positivo de la universalización es que admite relación con las culturas existentes en el Planeta. Así se relativizan las diferencias culturales. Lo preocupante es que esa relación no se practica en condiciones de equidad ni igualdad.
Muchos seres humanos potencian su estilo de vida combinando otros estilos evidentes en el mundo. Así la vestimenta, la alimentación y la música se combinan. Pero a la vez que aprendemos de su ética, tratamos de imponer políticas y religiones a grupos originarios, sin mucho éxito afortunadamente. Repetimos lo que se hizo desde los tiempos de conquista en que unos pueblos avasallaron a otros –poseedores de la tierra y sus riquezas- para despojarles, a cambio de una religión y formas de vida que vienen perjudicando a esos pueblos y comunidades, desde hace siglos.
Hoy, las nuevas civilizaciones que mucho tienen de las ancestrales, pugnan por mantener formas de vida patriarcal, en tanto se montan en la nube para encontrar información, antes vedada a las mayorías. Para vivir juntos siendo todos diferentes –aclara Touraine- hace falta que respetemos un código de buena conducta y las reglas del juego social (respeto a las libertades personales y colectivas, formalización del debate público e institucionalizar la tolerancia). Este nuevo esquema de vida, requiere una escuela especial, con maestros de maestros de amplio conocimiento y capacidades para formar profesores adecuados al mundo en cuestión. ¿Qué tanto avanza la escuela en ese sentido?. (Continuará)
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