Cuarta Parte.
La unidad nacional no se erige, en ninguna parte, de manera tan honda y tan perdurable como en la escuela. Jaime Torres Bodet.
Las condiciones deprimentes en que vive el Planeta, llevan a buscar fórmulas nacionales para atender las necesidades que la población tiene, en esta etapa de cambios profundos a nivel planetario, para superar estados de pobreza y pobreza extrema, productos de la mala distribución de la riqueza y su concentración en unas cuantas manos que gozan –parangonemos al poeta- lo superfluo, mientras la mayoría carece de lo estricto.
Desde el proceso revolucionario mexicano de 1910, se atribuyen a la educación dotes especiales para salir de tal circunstancia. A ello dedicó buen espacio y conceptos el Constituyente de 1917 y en su base, por cuatro ocasiones se realizan reformas educativas en el país, para apuntalar sendas posiciones político-ideológicas. Se parte de la vasconceliana, en que el sueño revolucionario puso el sustento de una escuela, en base a una nueva sociología de la educación que puso en duda métodos y escrutinios del positivismo, con que Justo Sierra arrancó un proceso educativo exitoso, que culminó con la creación de la Universidad de México (inicios del S. XX).
Se modifica por tanto la orientación positivista, para elaborar explicaciones propias del nuevo trascurso, fabricar conceptos, y presentar propuestas (reproducción, reformas profundas y valores). En ese período inicial de la Revolución, se destacó la educación cívica, historia y geografía, tras el aprendizaje de la lectura, escritura y cuentas aritméticas. Tal vez hasta 1920 esa era la técnica pedagógica general, tanto entre maestros del gobierno como en recomendaciones de los congresos pedagógicos.
Es hasta los años treinta que se busca el desarrollo de habilidades técnicas y el logro de ciertos conocimientos para el trabajo productivo-industrial-de servicios, como puntualidad y disciplina. La belleza, sensibilidad, música y el impulso a otras facultades creativas, lograron refugio en escuelas de artes.
José Vasconcelos, como 1er Secretario de la SEP, buscó consolidar la nacionalidad a través de valores culturales universales y un incansable empeño civilizador. Su idea de la Raza Cósmica -quinta raza personificada en el mestizo- le llevó a tareas formidables de alfabetización, extensión de la cultura por todos los rincones del país (misiones culturales y casas del pueblo), ampliación de la cobertura en primarias, publicación de clásicos y otras acciones que le valieron el título del mejor encargado de la educación en el país. Sus errores fueron también importantes: incorporó a su credo las doctrinas de los evangelizadores para “integrar” a pueblos originarios, a la cultura occidental, sin respeto a su ideosincracia, sus lenguas y visiones del mundo. Pero el macrocosmos de dichos pueblos -con fortaleza natural- pudo sostenerse, pero su condición de pobreza y aislamiento no se superó.
La llegada de Narciso Bassols a la SEP (1931-34), cambió el panorama con el abandono paulatino de los valores culturales -que empequeñecieron en importancia- para poner en primera línea: la reproducción de valores cívicos junto a diligencia, puntualidad y supremacía, como bienes a inculcar en niños y jóvenes para que respondieran a las demandas de la sociedad. Esos elementos se unen al anticlericalismo y fortalecimiento de la ideología de la Revolución Mexicana. -fue redactor final de las modificaciones al Art. 3º Constitucional-. En esta, 2ª etapa de la SEP, Bassols impulsa dos vertientes –Carlos Ornelas dixit- una utilitarista y otra populista, como señala Arnaldo Cordova (Ver: La ideología de la Revolución Mexicana. Ediciones Era 1973. 508 páginas y El Sistema Educativo Mexicano. CIDE 1995, 371páginas).
La utilitarista tuvo mayor impacto, sentando las bases del subsistema de enseñanza tecnológica, que aún persiste. La segunda continúa vigente, al transitar el acento en la escuela rural a crear instituciones urbanas. Se trata de una escuela con dos campos educativos: uno rural (la mayoría de la población era campesina) con educación colectivizada y acercamientos a la técnica. En la urbana el tono se puso en formar un nuevo productor –en base a las escuelas técnicas que persisten hasta el presente- incorporación de la ciencia como sustento de todo el proceso y nuevo concepto del mundo y la vida. La intolerancia a la religión, el laicismo y la cultura social marcaron a la escuela, combatiendo el fanatismo mediante una concepción racional, exacta del universo y su implante a la vida social, con miras a formar un país homogéneo y culto.
Esta circunstancia llevó a la educación socialista (1934-45) y su sentido apasionante para el magisterio. Se buscaba superar varias deficiencias de la educación liberal, dando a niños y jóvenes formación humanista, que considere infortunios del pueblo para proyectar de ahí la felicidad global. Había que desplegar un proyecto de desarrollo nacionalista y popular, que fortaleciera responsabilidades de la escuela en el cambio social. Ni el tiempo de vigencia, ni las condiciones internas y externas permitieron un desarrollo sólido de este proyecto, que se modifica, en la práctica, a partir de 1940 y en la Ley, en 1946. Todo esto se daba en medio de una conflagración armada planetaria (2ª Guerra Mundial) que impactó en el país y creo situaciones graves a la economía mundial, antes y después de tal evento.
La tercera etapa del Sistema Educativo Mexicano es la de la Consolidación del Programa de Educación Nacional, que igualó contenidos pedagógicos y que, con reformas de superficie y mucho mas grandes, sobrevivió hasta 1992. Sus fundamentos –negociados entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, creado en 1943 y la SEP- fueron dados, desde las principales características de la escuela como soporte para la unidad nacional, manteniéndose la obligatoriedad de la primaria y la lucha contra la deserción escolar; desconcentración de la enseñanza normal, para formar nuevos maestros en nuevas aulas –aumento de su formación- y construyendo un material didáctico adecuado.
Intensificar la alfabetización, la castellanización de los indígenas bilingües –persistente postura desde el S-XIX- diseño y producción masiva de libros de texto gratuitos, como apoyo a la universalización de la educación primaria, que se inicia por una campaña para incorporar a niños de 6 años a la escuela e ir construyendo escuelas rurales y en ellas creando el grado que corresponda, año con año. Esos fueron fundamentos básicos del Plan de Once Años impulsado por Jaime Torres Bodet. Para entonces, la comunidad internacional, entraba en una etapa de avance del neoliberalismo que entregaba -a pasos agigantados- el control de la economía planetaria en unas cuantas empresas transnacionales, tanto financieras (BM, BID, FMI) como acaparadoras de materias primas y procesos productivos.
A pesar de la flexibilidad con que se aplicó el Plan, la realidad mostró que las situaciones económicas diferenciadas entre estados y Federación, y la escasez de recursos en el país, impedían avanzar en los propósitos buscados. Además, la burocratización al interior de la SEP, la aplicación a “raja tabla” de reglamentos y la injerencia creciente de sindicatos -en franca disputa- interrumpieron los avances logrados en los primeros lustros.
La actitud positiva del sindicato mayoritario (SNTE) coadyuvó a buscar cambios que modernizaran el proceso educativo. Así surge finalmente el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, en 1992. Allí y en la Exposición de Motivos de la Ley General de Educación, hay coincidencias e importantes diferencias. Ambas representan la culminación de las tareas educativas por la unidad nacional que arrancan -en respuesta a los empeños cardenistas por una educación socialista- en el gobierno de Ávila Camacho. En dicho Acuerdo se insiste que la educación básica “… impulsa la capacidad productiva de una sociedad y mejora sus instituciones económicas, sociales, políticas y científicas, puesto que contribuye decisivamente a fortalecer la unidad nacional y a consolidar la cohesión social, a promover una mas equitativa distribución del ingreso, a fomentar hábitos mas racionales de consumo, a enaltecer el respeto a los derechos humanos, en particular el aprecio a la posición de la mujer y de los niños de la comunidad, y a facilitar la adaptación social al cambio tecnológico. Además, una buena educación básica genera niveles mas altos de empleo bien remunerado, una mayor productividad agrícola e industrial, y mejores condiciones generales de alimentación y de salud, y actitudes cívicas más positivas y solidarias.” Ver: Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica http://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/b490561c-5c33-4254-ad1c-aad33765928a/07104.pdf
Coincidimos con diversos autores en que la ambigüedad del texto, permite diversas interpretaciones. Pero es una realidad nacional, ante la mezcla de tendencias político-ideológicas que interactúan en el territorio nacional. Semo dice que es una “congregación de todos los impulsos educativos inspirados por la revolución, que podían formar parte de una educación corporativizada. Del vasconcelismo adopta su espíritu liberal y occidentalizante; de Bassols…elementos que solo pueden pertenecer al socialismo de Estado, en su versión soviética…no una educación pensada en el fortalecimiento de la sociedad, sino en la entronización del Estado…” Ilan Semo, “Vasconcelos VS. Bassols: La disputa por la educación”, en Foro Universitario, No. 68, época II, julio de 1986, p. 26. Citado por Ornelas.
Junto a la exagerada e improbada postura de Semo, – el Estado ya estaba adentro- tendrá que reconocérsele que la política de unidad nacional significaba una cofradía de todas las tendencias pasadas, que sufrió conflictos heredados. No se logró un modelo nuevo, original. Se conformó un monstruo con corrientes encontradas, que burocratizó al Sistema, mediante inercias y formalismo, similar a aquello de lo que se lamentó Torres Bodet, en su retorno a la SEP con López Mateos.
Lo cierto es que los empeños del sistema educativo, iniciados en 1992, con afinaciones precisas para la modernización de los diversos grados y niveles de la educación formal, fueron valiosos, pero siguieron incrementando la carga administrativa en el docente y los directivos escolares. Nada más ver los Acuerdos emitidos –de un número de páginas impresionante- podrán mostrar la dificultad de “estar al día” de todos los colegas. Los cursos de actualización fueron insuficientes y de obsolescencia rápida, frente a un mundo que se transforma. Desfasados en relación con medios tecnológicas y sociales que cambian con nuevos bríos, y rapidez sorprendente.
Vivimos la disgregación innovadora de un orden atrapado que no encuentra en sí mismo sentido para afrontar el mundo complejo en que nos movemos. En toda actividad humana se deslizan pifias, afloran desacuerdos que nos acercan a nuevas conflagraciones planetarias. Hay transformaciones peculiares, que requieren de nuevos operadores, en formación, que aún buscan su nicho de crecimiento, quizá en la conformación de un nuevo orden económico y social. Todo dicho con ningún otro afán que entender en que estamos metidos en educación. Puede servir y no para justificar los desencuentros de los últimos años en el terreno educativo, primero solapados, hoy abierta y hasta brutalmente expresados. De allí el empeño iniciado en diciembre del 2012, por un nuevo corte educativo, por una cuarta etapa, compleja –nada puede no serlo en educación universal- que veremos en la próxima entrega. Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com
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