Hacia la unidad Latinoamericana y del Caribe

Noticia escrita el: 16 febrero, 2014 | Por: Víctor Manuel Barceló R

Para Víctor Alfonso Maldonado.

                         Colega y amigo en la diplomacia.

                                    In Memorian.

Vivimos en un Planeta cada vez más empequeñecido por el enorme avance de las comunicaciones, pero a la vez más dividido por intereses que enfrentan a naciones, arrastrando a pueblos débiles a situaciones de alto riesgo en muchos aspectos de su existencia. La voracidad por el control de los recursos naturales del suelo y subsuelo de la Tierra, sigue creando mecanismos de presión, directos -por los organismos multilaterales: Banco Mundial OMC y Fondo Monetario Internacional (FMI)- indirectos, tensiones en otros campos de la actividad política y económica de pueblos originarios que poseen tales recursos, a fin de que cedan su explotación y usufructo.

 

En el despertar del siglo XXI, continentes enteros acentúan su organización para afrontar tales circunstancias. América Latina y el Caribe es quizá, la región que mayores tareas realiza con tales fines, si bien muchos de sus gobiernos aún contemporizan con las transnacionales, enviadas especiales de los poderes fácticos planetarios para avanzar en la lucha por el control de los mercados globales.

 

Algunas circunstancias van a favor y otras ponen en duda la perspectiva de futuro soberano de muchos pueblos. Vale recordar que el primer empeño integrador en la Región fue propuesta del libertador Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de Panamá (22-julio-1826).  Aquel que predijo: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad.”

 

Y no se equivocó. Tras su infructuoso empeño de unidad continental, el imperio creado y fortalecido al Norte del Continente, impone ideas de dominación por influencia del mismo, a través de: la Doctrina Monroe, el criterio del Destino Manifiesto, el Corolario Roosevelt y las Conferencias Interamericanas o Panamericanas, celebrada la primera de ellas en el año 1889, en Washington. El panamericanismo divide y subdivide a nuestros pueblos desde aquel momento.

 

Es en la IX Conferencia Interamericana, celebrada en Bogotá (1948) donde se concreta la Organización de Estados Latinoamericanos (OEA). Esta entidad impulsa mayormente la formación de mecanismos regionales que intensifican el control del Norte sobre el Sur, por lo que se le reconoce como “ministerio de las Colonias”. Desde siempre, los procesos de integración en Latinoamérica y el Caribe, recienten presión de transnacionales a quienes solo interesa el control de sus mercados globales.

 

Así, las organizaciones que con tales fines se crearon a partir de los años 60s –ALALC fundamentalmente- mantienen una condición de mercado, básicamente entre filiales de transnacionales de ramos  como: automotriz, máquinas de escribir y otras, que “comercian” entre sí las partes que adquirirán, en cada país susceptible de producir sus componentes e intercambiar las máquinas ya terminadas, para un mercado controlado por los acuerdos en las sesiones correspondientes del organismos.

 

Cuando ALALC, en 1964 intentó negociar la Lista Común, que sería un paso efectivo de integración, enfrentó tales negativas de productores y comerciantes, que los gobiernos tuvieron que desistir del empeño.  Apenas si surge la ALADI –años después- para mantener lo avanzado y no dar al traste con un esfuerzo que puede servir ahora.

 

Diversos ejemplos podríamos poner con las demás organizaciones de integración creadas en el siglo XX en Latinoamérica y el Caribe. Todas probarían esa lucha de contrarios en que la fortaleza de los organismos se ve mermada por los intereses de sus componentes comerciales, que responden a una línea de conducta que pone en manos del mercado global, todo lo que quiera hacerse en terrenos de la economía.

 

Hoy Latinoamérica vive de nuevo en intensidad tal enfrentamiento. Este no es solo al interior de los organismos vigentes (MERCOSUR, CELAC como los fundamentales) sino que, a pesar de  pertenecer a tales, diversos gobiernos despliegan políticas neoliberales, a tono con los vientos del centro del capitalismo. Los gobiernos que se embarcaron en las nuevas tesis regionales  -algunos las denominan simplemente pos neoliberales- escapan de la recesión incriminada a los países del centro del sistema, misma que se reproduce en otros de la periferia, varios en América Latina.

 

Los países del Mercosur y del ALBA, no “inventaron el hilo negro”, aprendieron y resolvieron analizando las experiencias europeas. Tales gobiernos reaccionaron frente a la larga y profunda crisis generada en los países del Norte, aplicando políticas anti cíclicas que permiten a su economía y a sus pueblos, defenderse de la recesión. Mientras -a lo ortodoxo- en Europa se intensifica la recesión con medidas de corte OMC, FMI y BANCO MUNDIAL, cuyos investigadores ya no apoyan las medidas tradicionales, si bien aún no son negociadas las nuevas fórmulas creadas para fortalecer sus economías frente a los embates de la deflación-recesión que les

atosiga mortalmente. El problema es que arrastran a su periferia –patio trasero-.

 

Con tales políticas, Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay, Ecuador, Bolivia resisten la recesión, pero también disminuyen la desigualdad, la pobreza y miseria, mismas que se ensanchan en Europa, Estados Unidos y Japón. En esta ruta los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) desarrollaron importantes iniciativas, entre ellas la creación del banco de financiamiento propio, que es un elemento de apoyo a países emergentes. Pero las contradicciones al interior del grupo (Brics) no permiten todavía, definir políticas de alcance periférico y la conformación de un convenio-marco de alianzas para agrupar a las naciones del sur planetario.

 

De ahí que se aproveche por los expertos que puntúan las estrategias de los países ricos el que los gobiernos, consagrados a procesos regionales de intensificación de sus relaciones, estén incomunicados con otras regiones del mundo. Hay intensos mercados -con China por ejemplo- sin que signifique, la conformación de una fuerza política, que analice, proponga y pruebe alternativas al agotado neoliberalismo.

 

Por su lado el imperio no ceja en buscar fórmulas que alteren la unidad latinoamericana, o desviarla a rutas benéficas para sus intereses. Ante el fracaso de la Alianza para el Progreso y otras iniciativas que no tiene auge ya en la Región. Empero,

América latina es geopolíticamente socio natural de la configuración atlántica que se crea para el siglo XXI. Mucho más que África minada por “guerras brutales y una persistente corrupción”, pero lo es igualmente a pesar de las “fracturas” del subcontinente: entre los países de América Central y del Sur, entre los del ALBA y los que desarrollan economías de mercado más liberales”. Ver: http://blasapisguncuevas.blogcindario.com/2013/11/08829-incorporar-america-latina-al-redil-atlantico.html

 

En efecto, E.U. pese a la progresiva potencialidad China, es el 1er socio comercial de Latinoamérica y aporta alrededor del 18% de las inversiones extranjeras directas (IDE). La Unión Europea (UE)-en conjunto– es el segundo socio comercial  de la región y el 1er inversor en América latina. En 2011 representaba el 39% del total de las IDE en la región. Solo en Brasil las IDE europeas son mucho más importantes que las dirigidas en forma “combinada” hacia Rusia, India y China. La UE es también, el primer mercado de la exportación agrícola (21,7% del total del comercio exterior brasileño).

 

Estos datos y otros más, llevaron a considerar urgente “un diálogo trilateral” sobre comercio e inversiones entre las tres regiones. Para lograrlo, recomiendan a los dirigentes aprovechar la oportunidad que ofrecen las negociaciones del gran mercado transatlántico (Transatlantic Trade and Investment Parnership, -TTIP siglas en inglés) las que, según ellos, deberían incluir directamente a los latinoamericanos en un proceso de negociaciones comerciales. Los dos –EU y UE- representan el 60% del PIB mundial, el 33% del comercio mundial de mercancías y el 42% del comercio mundial de servicios. El crecimiento del poder económico de la UE –a pesar de los graves problemas que viven varios de sus países miembros- da lugar a conflictos comerciales entre los dos poderes, si bien ambos dependen del mercado económico de uno y otro. Además, las controversias sólo afectan al 2% del comercio. Una zona de libre comercio entre los dos, representaría el mayor acuerdo de libre comercio regional en la historia, con el 46% del PIB mundial . Ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Transatlantic_Trade_and_Investment_Partner ship

El Consejo Atlántico (1961) que prepara papeles de negociación del Tratado, analiza la progresiva importancia de América Latina y explora vías para recomendar que Occidente incorpore al bloque al “redil atlántico”. Se consideran, tanto sus mercados en expansión, riqueza energética y demás recursos naturales, para que sea “una prioridad en su política exterior” –según el portal en español Rebelión-. Tal propuesta se presenta en el informe: “The Trilateral Bond: Mapping a New Era for Latin America, The United States, and Europe” (“El Vínculo Trilateral: Verificando una Nueva Era para América Latina, EE.UU. y Europa”), que plantea diversas orientaciones para integrar a América Latina en el eje atlántico.

 

Allí se indica que, para el 2060 el peso de EE.UU. y Europa en la economía mundial bajará del 40% actual al 24%, mientras el de América Latina crecerá debido a sus recursos naturales, nuevas y competitivas multinacionales y clase media consumidora en permanente aumento (225 millones de personas, actualmente).

 

El Consejo recomienda aprovechar las negociaciones del gran mercado transatlántico (‘Transatlantic Trade and Investment Parnetship’, TTIP) -que vimos brevemente- para “incluir directamente a los latinoamericanos en un proceso de negociaciones comerciales”, conduciéndolos a “la armonización de acuerdos de libre comercio existentes y como corolario: la integración de América Latina al TTIP.

Las recomendaciones subrayan conveniente, compatibilizar mercados financieros latinoamericanos con el sistema de normas jurídicas y bancarias que rigen a EE.UU. y Europa, para promover participación de inversores del “primer mundo” en nuevas plazas financieras de México, Sao Paulo, Santiago de Chile, Lima y Bogotá (agrupadas en el Mercado Integrado Latinoamericano, MILA). Junto a economía y finanzas, el Consejo propone temas como energía, desarrollando alianza energética ‘sui géneris’ con A. L.

Para “cimentar” esta nueva relación, el informe propone instrumentos como educación (cooperación universitaria formadora de élites comunes, apertura de la E.S. latinoamericana al financiamiento gubernamental y empresarial, etc.), lucha contra la droga y comercio de armas (desde EE.UU. hacia América Latina), ampliando los “horrores” de la participación actual. Todo dentro de un nuevo marco institucional permanente entre las 3 regiones  sustituyendo a la O.E.A, Cumbre de las Américas (EU. y L.A.), Cumbre EU-LAC -Unión Europea y América Latina-Caribe-). A cambio, Occidente “permitiría” el acceso a una de sus mayores reivindicaciones geopolíticas: un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/economia/view/111547-consejo-atlantico-incorporar-america-latina  (Continuará)

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Puebla, Pue. 16-Febrero-2014.

 


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