Tragedias como la de Texas, en la que más de 50 migrantes murieron, son situaciones dolorosas, pero infelizmente esperadas. Es la vergonzosa lotería en la que se ven involucrados diariamente miles de migrantes en todo el mundo. Diferentes ejemplos son representativos del altísimo grado de vulnerabilidad y riesgo en que transitan estos seres humanos:
En todos los casos, la historia comienza como acaba: los migrantes son traficados, pagan miles de dólares o euros por un servicio supuestamente seguro. Llenan los bolsillos de quienes cimientan uno de los negocios más lucrativos en el mundo, como lo es la compra y venta de seres humanos, delito que rivaliza con el tráfico global de drogas y de armas.
La tragedia se va diluir en la memoria de la sociedad en poco tiempo porque ya se ha normalizado este tipo de situaciones y en muchos casos, parte de la sociedad en el mundo trata de eximirse de la responsabilidad ética y moral porque ellos son migrantes, es decir, no pertenecen a la comunidad.
Para que haya un cambio es necesario preguntarse: ¿qué está haciendo el Estado en el momento que suceden estas situaciones? Si asumimos que los muertos en los transportes de carga son un fenómeno global, hagamos una correlación:
Este escenario por supuesto cierra el círculo perfecto para los traficantes, quienes asumen la función de gestores de las migraciones: definen los costos, rutas y perfiles; establecen acuerdos con otros grupos criminales, como los cárteles de las drogas; gobiernan las rutas, sobornan a funcionarios, se apropian de las vidas y rentabilizan la desesperación de millones de seres humanos. Parece que asistimos a un Estado que ha declinado de su responsabilidad y ha dejado la función de modulador de la mayor parte de los flujos migratorios a las organizaciones criminales.
Texas es sólo la muestra del desprecio que el sistema de naciones tiene por la vida de las poblaciones migrantes. Cambiar esta situación nos convoca a redefinir la política global en materia de migraciones, una empresa tan grande, como grande es la urgencia por buscar otras alternativas que permitan arrancar de las manos criminales a estos seres humanos.
PRL
Por: Dr. Javier Urbano Reyes, profesor e investigador del Departamento de Estudios Internacionales y académico de la Maestría en Estudios sobre Migración