Esta foto la tomó un niño: Yo tan sólo soy su medio de difusión.
Me urge presentarles, por así decirlo, que al reinventarse en el detalle, el chiquito ha retratado el recuerdo de su recién fallecida mascota. Y aunado a la vanguardia de la mirada del pequeño y su dolor personal, esto está que arde como los mismos grados centígrados de la bella ciudad de Querétaro. La mascota, que era tan eterna para él; tan eterna, como de haberse conocido desde las babas de la cuna, que representa para el pequeñito, un exceso de nostalgia y de recuerdos repletos de opulencia en el respeto mutuo.
Los padres cuentan; que el niño le quitaba a su perro las moscas de la nariz, y que el perro lo protegía como una fiera del peligro de su barrio, y hará pocos años atrás, cuando siendo exploradores de un plan de actividades bien elaborado para los fines de semana, corrían juntos desgastando dos suelas y cuatro callos, mientras él, traspirando del cuello y las axilas, conseguía comida para su perro, y así atravesaban parques, calles, callejones y otras cosas auténticas de cada jungla. Y luego; cuando el chico, habiendo terminado los deberes y si es que se lo merecía; ambos compartían el queso tumbados sobre el sofá dentro de un delicioso descanso prolongado frente al televisor. Pero hoy pasaron trece años; los mismos trece que el hombrecito ha cumplido semanas atrás, el perro, apenas ayer, se ha marchado bastante cansado y viejo, pero que quede bien estipulado: Que nunca nadie logró mejor que ellos; agujerear las nubes con disparos imaginarios de la resortera. Hoy sigue el niño, y seguirá creciendo por muchos años, hasta convertirse en hombre. Y aunque él apenas y sabe, de las dificultades de la vida:
Sí que sabe medir la potencia de las cosas valiosas por ser pequeñitas. ¡Has empezado a crecer! ¡Mauricio querido!
Dedicado a Elsa y Betty.
Copy Right. Derechos Reservados. 2014.
"Las opiniones en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Dialogo Sin Fronteras"