El Planeta en un tobogán

Noticia escrita el: 1 abril, 2013 | Por: Víctor Manuel Barceló R

 

Las condiciones del Planeta no mejoran en lo económico. El encono en el mar de la China se acrecienta, hasta poner al mundo al borde de una conflagración de dimensiones dantescas. La escalada de acosos armados entre el imperio estadounidense y Norcorea, llega ya al sobrevuelo del territorio Sudcoreano con aviones armados con ojivas nucleares y

la mira de las armas del norte coreano, sobre las bases militares del imperio en la zona. China y Rusia buscan negociaciones que no llegan y la UE está enfrascada en acogotar a Chipre, Grecia, España y cualesquiera que se atraviese a los amos del dinero: la banca internacional.

En general el mundo sigue con atención el empoderamiento en sus funciones, del nuevo papa Francisco, al que admiran por sus actos primeros como Obispo de Roma, pero no dejan de escarbar en su pasado, acusándole de contemporizar con la dictadura militar en Argentina y oponerse  a los nuevos vientos que  buscan la igualdad entre géneros y el derecho humano a decidir sus formas de relación entre ellos y al interior de cada uno de ellos.

En la UE se escenifica una lucha social por la democracia “valor intangible que se está devaluando en Europa”, explicó en Bruselas el economista francés Jean-Paul Fitoussi, líder contestatario de una corriente crítica con una UE, organismo capaz de salvar el euro, pero que no puede evitar la desilusión de su ciudadanía, que se muestra en manifestaciones callejeras, en encuestas, las colas del paro y también ante las urnas.http://es.euronews.com/2013/03/20/jean-paul-fitoussi-unica-europa-deuda-unica/

Los Euro barómetros muestran el derrumbe, a lo largo de la crisis, de la confianza en la UE. En 2007, dos de cada tres españoles –un país súper europeísta- decía confiar en la UE; en la última encuesta desconfía el 72%. La desconfianza es parecida en: Grecia, Irlanda, Portugal, Irlanda, Chipre.

Cifras similares se dan por toda el área. El incremento de la desconfianza en la UE llega a los países acreedores o en mejor contexto financiero: Alemania, Austria, Francia, Países Bajos o Finlandia.

A los europeos ya no les gusta la UE como está, ya no responde a sus expectativas, consideran inadecuada su política económica. A pesar de ello, desean mantenerse dentro de la Unión, cuidar su euro. “El mar de fondo que reflejan las encuestas es el de una ciudadanía irritada con ese vuelo gallináceo, que es el credo de la austeridad a lo bestia”. Sus años de lucha armada, de enfrentamientos étnicos, asustan. Aman la paz, el estado del bienestar. No desean cambiar logros “por peligrosos experimentos”, dicen fuentes diplomáticas.http://ec.europa.eu/health/reports/eurobarometer/index_es.htm

Empero crece la idea de que un partido antieuropeo puede surgir en un país importante. Más allá de encuestas, las elecciones italianas muestran cansancio para con las políticas unitarias de Bruselas, que mantienen a Europa en una aguda recesión.

Existe desgaste continuo en países que Bruselas fiscaliza. Tal ocurre en España y Portugal, o se descomponen, como Grecia, Italia y Chipre. En países acreedores tampoco hay crecimiento económico. Allí  persiste la impresión que los países del sur, son molesta rémora que engulle sus parcos recursos y detiene su progreso.

Protegida la moneda única –por un tiempo al menos- el canje pareciera ser un cuidado proceso de demolición del Estado del Bienestar. De ello podría surgir el desencanto: “La supervivencia del euro se ha hecho a costa de la destrucción de instituciones sociales y de una enorme tasa de paro en la periferia. Eso es un desastre”, apunta James K. Galbraith. Frente a esas apreciaciones: “No hay alternativa a la consolidación. Las reformas serán las mismas, gobierne el partido que gobierne”, sostiene una alta fuente europea. Lo que exacerba la desilusión. http://utip.gov.utexas.edu/JG/

De lo anterior surge la desconfianza de unos países y sus pueblos, sobre otros. Todos juzgan perder, nadie gana. Esto lleva a Europa a insertarse en un problema de legitimidad. Es claro que un sistema político –cualesquiera que sea- no logra favorecer a todos, todo el tiempo. Gobernar lleva a elegir, asignar prioridades acordes con lo que se cuenta en recursos, incluso en compromisos. En veces tomar decisiones angustiadas, favorecer a unos –países o pueblos- a costa de otros. Solo la aceptación por parte de los ciudadanos, de las decisiones de su sistema político, que les son desfavorables, puede avanzar el sistema hacia la legitimidad.

Para que tal cosa ocurra, es pertinente que el acogimiento de esas medidas se de en un escenario de pertenencia a una sociedad más extensa, a estimaciones de justicia y equidad, cuando no a la conformidad con la fórmula de aceptación de tales decisiones. El problema en el ambiente europeo estriba en que la identidad social, los valores cotidianos y ordenamientos democráticos, aún no poseen madurez, son muy incipientes. La legitimidad crece atada al desempeño económico. En tanto  mayor sea dicho crecimiento, más amplio será el apoyo popular a la integración europea, y tal apoyo prohijará mejores condiciones para su economía.

De allí que en estos momentos de incertidumbre la legitimidad del sistema sea débil y se encamine, al ritmo que marcan las situaciones de crisis, al agotamiento. Por ello, aunque las políticas de austeridad parecen tener éxito a la hora de controlar los déficits –con un alto sacrificio social- no reducen deuda ni producen crecimiento, por tanto, tampoco empleo, alejando el apoyo ciudadano que les sustentaría. Se acrecienta tal resultado, al verse los gobiernos, impelidos a violar por sistema, las ofertas electorales que les llevaron al triunfo y gobernar con las mismas normas –como señalamos- sin consideración a su tendencia política, carcomiendo la legitimidad de los sistemas político-nacionales.

Al no restaurarse la confianza de los ciudadanos en la UE, la sorpresa puede ser bastante desagradable. Salvar al euro era imprescindible, pero como medio. Los ciudadanos son el fin, un euro sin ellos no tiene sentido. Al no restaurarse la confianza de los pobladores en la UE, la sorpresa puede ser muy compleja. En un año y fracción, Europa como tal, llevará a sus ciudadanos a las urnas, allí se verá la realidad de este importante experimento social. Latinoamérica está pendiente, es una ruta que habrá que analizar, en la tendencia a la integración que hoy se maneja.

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com