El próximo día 6, Omar Aldama regresará a las aulas, pero no para estudiar, sino para agradecer a la directiva de la Escuela Municipal de Bellas Artes (EMBA) en Veracruz, Veracruz, la invitación a ofrecer un concierto único basado en su obra, plasmada en su disco “Onírico”, acompañado de un ensamble de músicos formados en la escuela de su natal ciudad.
“Me siento muy halagado, porque cuando decidí irme a La habana, Cuba, a estudiar de manera profesional, supe que un día regresaría a mi tierra a ofrecer mi música, como un regalo para quienes me apoyaron en mis inicios”, comentó el joven trovador.
Raysel Pérez, Enrique Guerrero, Manuel Durán, Aldo Cabrera, Samir Azamar y Delfino Guerrero serán los músicos, entre alumnos y docentes de la institución, que acompañarán a Omar Aldama en una noche bohemia en la que el autor de “La Guajira” interpretará los temas de su disco debut: “Volver a empenzar”, “Puede que no tenga”, “Luces y sombras”, “Intrigado”, “Se me escapa”, “Bolero acróstico”, “Yo juré”, “Amor onírico” y “La vereda”, que reflejan su andar en la vida amorosa y en la vida profesional, desde que fue egresado de la Escuela Nacional de Artes de La Habana, Cuba, donde vivió varios años.
Para Omar Aldama la vida ha sido, digamos, un poco más difícil que para el resto y hoy, a 30 años, el reto lo ha convertido en guerrero de muchas batallas. Al nacer, por un error médico, con cierta dificultad para caminar, esto no ha sido obstáculo en su vida, y de intentar, probar y probarse en diversos ámbitos, desde joven supo que la música sería la forma en que él se comunicaría con la gente.
Así, apoyado por su familia, dejó el heavy metal que amó en su adolescencia para internarse en la trova, inspirado por gente como Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute y Fernando Delgadillo.
Para hacerlo bien optó por formarse en La Habana, Cuba, donde tuvo contacto con gente de la llamada Nueva Trova cubana, conociendo y conviviendo con cantautores isleños como Frank Delgado, David Torrens o Carlos Varela. Durante tres años estudió en la Escuela Nacional de Artes, donde aprendió canto, solfeo, guitarra y piano, a la par que en las calles conocía del canto popular y se imbuía en el ambiente de la isla; las experiencias y aprendizajes de la época le dieron el bagaje para componer sus primeros temas, dedicados al amor, al desamor, a la mujer, al grito desesperado, “a ese rinconcito de oscuridad que a veces sale a flote”, convirtiéndose en sus temas favoritos.
“Más que cantante –dice, instalado en su oficina-, me considero un juglar, un trovador de alma jarocha con fusión habanera; trovador, contador de historias”, influencias que refleja en su genuina propuesta musical, plasmada en “Onírico”.
“Onírico” es una propuesta que él define como muy variada, pues lo mismo roza con la música clásica, el pop, los sones, cubanos y veracruzanos, y hasta con la balada o la salsa, lo cual se puede apreciar en su primer material discográfico, que fue presentado el año pasado en el marco de la Cumbre Tajín.
El camino no ha sido fácil, pero no más que el de cualquier joven que busca labrarse su propio camino, tomando decisiones y aprendiendo de las experiencias que le toca enfrentar.
Tratamientos, terapias y cirugías quedaron atrás y dieron paso al Omar que es, el juglar veracruzano, el trovador de influencias cubanas, amante de Jarabe de Palo, que sueña con alternar en un escenario con alguno de sus ídolos musicales, lo cual sabe difícil pero no imposible, pues esa palabra no existe en su lenguaje y menos en el de su guitarra.
Cierto es que hay secuelas, cicatrices de guerra en su cuerpo y en su alma, pero sin ellas, quizá él sólo hubiera sido un abogado o algo así, y no habría optado por el camino de la música, que hoy es su vida, por eso, reconoce, todo eso han sido “experiencias que al final, es como mi relación con las mujeres: las odio casi tanto como las amo”.