Como si fuese un ejercicio de contemplación, intentemos viajar con la ayuda de la imaginación y de nuestros sentidos al 31 de diciembre del 2019. Procura pensar dónde estabas, con quiénes compartiste aquella noche que daba fin a un año en el calendario y que marcaba el inicio de un año nuevo colmado de expectativas y buenos deseos, cuáles eran los sentimientos que albergaba tu corazón aquel día. Y situándonos en dicho recuerdo, podemos entrever que es poco probable que alguien de nosotros, en su lista de propósitos para el año 2020, haya proyectado o soñado vivir una pandemia que vendría a desafiarnos en lo más profundo de nuestra humanidad.
Así inicia el jesuita Stivel Toloza Blanco su artículo La misión de acompañar(nos) en la esperanza, publicado en la revista AURORA de este mes.
Hoy, la pandemia generada por el SARS-Cov-2 no ha cesado y en algunos países los rebrotes comienzan a preocupar a las autoridades. Incluso, en varios casos, impusieron otra vez ciertas restricciones como el cierre de comercios y establecimientos para controlar el incremento de contagios por el coronavirus.
A poco más de siete meses de aquel 28 de febrero cuando se dio a conocer el primer caso confirmado de coronavirus en México, después de haber vivido la Jornada Nacional de Sana Distancia, y con la Nueva Normalidad y el Semáforo Epidemiológico en curso, sería importante revisar cómo va nuestro estrés para reconocerlo, identificar causas y efectos, pero sobre todo para tomar acciones que favorezcan el cuidado de la salud personal, familiar y comunitaria.
¿Qué es el estrés?
La Mtra. Claudia Celis Toussaint, quien actualmente cursa la última materia de la Especialidad en Educación Socioemocional en la IBERO, sostiene que el estrés es una herramienta de supervivencia para los seres humanos. Ante situaciones de peligro, dice, nos permite luchar, huir o quedarnos inmóviles, dependiendo de lo que nos dé mayores posibilidades de salir bien librados de esa situación.
Al mismo tiempo, el estrés genera respuestas físicas en el organismo derivadas de la segregación de cortisol y adrenalina (conocidas como las hormonas del estrés). Se acelera el ritmo cardiaco, se activa el sentido de alerta, se enfoca la visión hacia el peligro (se suspende la visión periférica), aumenta la tolerancia al dolor y se segrega glucosa a la sangre, explica Celis Toussaint, quien también es licenciada en Pedagogía por la Universidad Intercontinental y maestra en Tecnología Educativa por el Tecnológico de Monterrey.
El estrés, ¿nuestro aliado?
Para tener más posibilidades de sobrevivir a estas situaciones de estrés, advierte, nuestro cuerpo pone en pausa algunas funciones vitales que requieren mucha energía: la digestión, las defensas (sistema inmune) y la regeneración celular. “Como vemos, ante situaciones de peligro, el estrés resulta ser nuestro aliado. El problema es cuando este estrés se vive como una situación cotidiana y se vuelve crónico. Entonces deja de ser nuestro aliado para convertirse en un problema de salud”.
¿Cómo podemos mejorar el manejo de nuestro estrés cotidiano?
Celis Toussaint, quien colabora en la IBERO desde hace 16 años, en donde ha impartido clases de nivel licenciatura, tanto en el Departamento de Letras como en el de Educación, sugiere tres pasos para mejorar.
Primero, reconocer qué es lo que está generando estrés. El origen del estrés proviene de dos fuentes, fundamentalmente: de la propia persona (tener pensamientos recurrentes sobre asuntos del pasado como la muerte de un familiar o una separación dolorosa, preocupaciones sobre el futuro, guardar o reprimir emociones, enfermedades o dolor constante o agudo); o del entorno (la situación económica, el confinamiento, las relaciones interpersonales de pareja, con los hijos, con compañeros de trabajo y jefes, situaciones inesperadas como la muerte de algún ser querido, pérdida del empleo o problemas para pagar deudas).
Para Celis Toussaint, el segundo paso es el identificar si son situaciones que se pueden modificar (problemas de salud, falta de ejercicio, falta de límites con otras personas, falta de tiempo y espacio para hacer actividades que te gustan o ansiedad, depresión e insomnio); o si son situaciones que se deben aceptar (la misma pandemia, el confinamiento, la reducción del tiempo para estar con nuestros seres queridos o los cuidados extras para evitar contagios).
Por último, y quizá lo más importante para los días que vendrán con la continuidad de la pandemia, la académica de la IBERO recomienda tomar acciones para cambiar aquello que una persona sienta que puede modificar y también para atender aquellas situaciones que reconozca que en este momento no pueda resolver por sí misma.
Aquí, una serie de recomendaciones a la Comunidad IBERO:
¿Cómo atender situaciones que no hemos logrado o no sabemos cómo modificar?
¿Qué alternativas existen para mejorar el manejo de nuestro estrés cotidiano?
Existen diversas alternativas, la elección de aquella que consideres más adecuada para ti depende de tus gustos, intereses, disponibilidad de tiempo y espacio:
Celis Toussaint fue parte del equipo que diseñó y abrió Prepa Ibero Ciudad de México. Recientemente, participó en las charlas CAFÉ EN COMPAÑÍA, actividad que organiza el Programa de Desarrollo e Innovación Docente, de la Dirección de Desarrollo y Acompañamiento Educativo (DiDAE) de la IBERO, precisamente con el tema Manejo de estrés.
Nota escrita: Jesús González Alcántara/ICM