Hace algunas semanas revisamos uno de los grandes temas universales: el bienestar social y como evaluarlo. Mientras más se profundiza en tal tema, más convencen las apreciaciones, no solo de los expertos de las Naciones Unidas y su organismos especializados, sino de la academia, los agrupamientos de análisis y la gente de la calle: la situación es grave.
Es común escuchar en un transporte colectivo –el metro de la Ciudad de México por ejemplo- diálogos así: -Que gusto verte. ¿Cómo te está yendo?. -Mal que bien tengo trabajo y ahí la vamos pasando mis hijos y yo. Pero cada día gastamos más en comida y transportes, sin que se mejore el salario. ¿y tú como vas? –Sigo estudiando, con un gran esfuerzo mantengo buenas calificaciones en la UNAM, porque por la tarde estoy trabajando en una tienda departamental, pero tu sabes que no hay seguridad en el empleo y además te pagan lo mínimo. Salgo de allí para ir a estudiar sola, porque ya es tarde, difícil y hasta peligroso ir a casa de algunos de mis compañeros, adonde se reúnen varios. Por la mañana llego antes de las siete para preguntar sobre lo que no entendí o no me quedó claro y apoyar a mi vez a otros compañeros. Hay gran solidaridad que mucho nos ayuda. –Que bueno a ver cuando te escapas a casa, a comernos unos frijoles muy ricos que hace mi mamá y platicamos más. Tengo que bajarme ya para ir al trabajo.
Diálogos de camino, expresiones de solidaridad elemental, que solo los habitantes de los pueblos pueden sustentar, pero que no les resuelve su incierta vida. Para ello los organismos multilaterales -los de Latinoamérica en especial- realizan estudios puntuales por definir en que estamos en la región, respecto a: pobreza, desigualdad, empleo, salarios, Indice de Desarrollo Humano (IDH), equidad y sostenibilidad. En conjunto la evaluación de tales situaciones, permite colocar a los países en su condición real, junto al resto de los demás de su región, por lo menos.
En pobreza entre los Objetivos del Milenio está reducir entre 1990 y 2015, a la mitad el número de personas en extrema pobreza. Todos los países están configurando programas específicos, pero la dependencia -mayor o menor- de la economía universal, mantiene a casi todos en condiciones de crisis. A ello se suman disparidades en estándares de pobreza -calculados para algunos países- que llevan a controversias más que académicas. Por ejemplo, en EU la pobreza se mide a partir de Dls. 15 por día/persona, en otros países, hay diferentes rangos que van de Dls.1.5 hasta 4 y 5, según la localización geográfica y el nivel regional de pobreza.
Cuentan para ello las Encuestas de hogares –el más usado y que muestra mejoras- y otros indicadores relacionados con el poder adquisitivo y la distribución del ingreso en los diferentes países. Es la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) quien con mayor precisión define la Igualdad. En sus documentos se lee: “la igualdad constituye el marco normativo para el pacto fiscal y el pacto social del que surge el carácter vinculante de los derechos ratificados y sus implicancias en cuanto a progresividad y redistribución; demanda más y mejor Estado en material de regulación, transparencia, fiscalización y redistribución de recursos, y exige un profundo respeto por la seguridad planetaria para garantizar la sostenibilidad ambiental”. www.cepal.org/dds/innovacionsocial/
Se compromete a los países conquistar la igualdad por medio de una reforma fiscal progresiva, que cargue más en los que más poseen y ganan y menos en los que perciben salarios exiguos. Hay países de la Región en que la brecha del per cápita entre ricos y pobres es ocho veces el ingreso, vislumbrándose avances consolidados en tres (Brasil, Chile y Colombia). Cuba y Uruguay, son los más igualitario de la zona latinoamericana, con tendencia a mantener tal estatus. Colombia y Costa Rica avanzan rápido.
El PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) muestra que nuestra Región es la más desigual del mundo, si bien el índice de Desarrollo presenta incrementos del 2000 al 2010, pero sin elementos para asegurar su mantenimiento, dada la turbulencia económico-político-militar en que vivimos. Salvo en algunos países que muestran cambios profundos en sus sistemas de gobierno, que les crean otros problemas, pero impulsan el bienestar de su población. http://hdr.undp.org/es/
Las dimensiones que se valoran para llegar al IDH (salud, educación e ingreso) nos muestran solo el logro promedio que alcanza una población en particular, en cuanto a cada dimensión enumerada, pero no permite conocer como impactan en los individuos o grupos de ellos. Lo mismo ocurre con el PIB per cápita, que muestra las distancias de ingreso, sin precisar los beneficiados. El PNUD incorpora la variable Desigualdad al IDH para quedar IDH-D, que permite variaciones a estudiar, para corregir políticas públicas relacionadas con empleo que produce ingreso y la educación que incrementa posibilidades de acceder a tareas mejor remuneradas, así como la reforma fiscal, elemento que llevaría con mayor precisión a la igualdad.
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_%C3%ADndice_de_desarrollo_humano
En todos los países hay programas que buscan acortar las distancias de la desigualdad, pero se manejan sin articularse. En algunos se intenta tal articulación, que mucho tiene que ver con la reconstrucción del mercado interno, para recuperar el empleo local, a partir de la producción de alimentos para las poblaciones y sus escuelas de tiempo completo. Quedarían remanentes para los demás mercados internos de otras poblaciones, con los que se puede realizar trueque de unos productos por otros y de ese modo escapar, poco a poco, a la voracidad de las empresas departamentales, que venden a precios exorbitantes.
No quiero disfrazar una realidad, los costos de producción en pequeñas parcelas es alto. Sabemos que es más caro y no se cuenta con otras producciones para soportar pérdidas, a fin de cubrir las exigencias de un mercado dominado desde afuera. Pero la rectoría del Estado puede impulsar y sostener tales situaciones, empoderando a pueblos y comunidades en su empeño de recuperación productiva, económica y social.
En los países en que se desarrollan programas que apoyan proyectos productivos, sostenibles económica y ambientalmente, de la población rural con ingresos debajo de la línea de bienestar, se pretende reducir las zonas de pobreza mediante la ocupación. Para ello retorna la capacitación para atender a la producción, cosecha, empaque –así sea rústico- y comercialización o intercambio entre productores. Los programas incorporan y desarrollan capacidades productivas y técnicas que elevan la productividad de las personas y favorecen el re encadenamiento del tejido social. A medio plazo esta tarea -vigilada para que rinda cuentas- consolidará el capital social de pueblos y comunidades.
Raúl Bonifaz levanta un tema vital para el mercado interno nacional: la producción de maíz en México, que creció 21% (21.35 millones de Tons) en el 2012. El trabajo de campesinos e indígenas mexicanos, permite exportar las variedades de maíz para su cultivo en otros continentes. La importancia histórica del maíz en sus diversos colores y formas de uso alimenticio, le hacen fundamental para la alimentación del Planeta. Protegerlo, como Patrimonio de la Humanidad es cooperar a una economía sostenible. De ahí el compromiso de prohibir siembra de la semilla transgénica, en el origen, en donde nació el maíz: el territorio de México.
Que importante será impulsar Programas contra el hambre, ofreciendo a los pueblos semilla criolla, de ser posible de las variedades locales. Esa sería otra empresa formidable para dar empleo a muchos miles de campesinos que la acopiarían para clasificarla y entregarla en manos de los “hombres del maíz” y su Dios maya, Yum Kaax, que pueblan el suelo patrio. A su lado, resurgiría la calabaza asociada, el chile, el tomate, el ajo, cebolla, lechugas y toda la gama de verduras y hortalizas que podrían, paso a paso, dar solidez a mini empresas campesinas que ofrezcan insumos a padres y madres de familia para la alimentación de sus hijos, en donde la modalidad de escuelas de tiempo completo, así lo amerite y esté llamada a ser un éxito.
La educación para todos que define la legislación mexicana como sustento de la Nueva Escuela, solo es concebible en una estrecha relación maestro-padre-madre, para ofrecer cada uno lo que su especialización contenga. Los padres poseen los valores ancestrales de la comunidad, que les permite afrontar con éxito las vicisitudes de la cotidianidad compleja de la existencia, los maestros los conocimientos científicos renovados y las metodologías para enseñar a vivir a sus alumnos, en un mundo globalizado.
La conjunción de ambos, en un ambiente social colaborativo, basado en sus valores y fortalezas, impulsará la preparación de nuestros alumnos para ser lideres en su entorno local y sacarle de la postración, la inseguridad y la pobreza. Otros, podrán empoderarse de competencias necesarias e incursionar en la vida nacional y universal, con perspectivas de éxito y bienestar. Todos conformarán una nueva visión del mexicano: patriota, con identidad plena y la preparación suficiente para brillar en cualquier medio y circunstancia. Jalonará al país a estadios superiores frente a otros pueblos.
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