Director de cine, originario del D.F, especialista en fotografía, documentales y ficción. Admirador de los cuenta cuentos y generoso del conocimiento.
¿Qué influyó en el niño José Luis Reza, que lo llevó a tomar el camino de la cinematografía?
Algunos artistas podrán decir que desde pequeños ya estaban marcados para ser lo que son, conmigo fue una cosa circunstancial. Cuando yo tenía entre 6 y 7 años, llegó al barrio donde yo vivía –Tepito-, una corriente artística que se llamaba Tepito arte acá; conformada por una serie de artistas que comenzaron a dar talleres en el barrio a todos los niños, jóvenes y adultos, con la finalidad de rescatar la cultura del barrio.
Talleres eran varios, había de literatura, fotografía, danza, e inclusive de los oficios que había dentro del barrio, como los zapateros, había mucha gente que se dedicaba a hacer zapatos en sus talleres, pero Tepito arte acá no intentaba profesionalizar el oficio, sino rescatar el oficio del barrio.
Yo me metí a dos talleres, a uno de literatura, que era de cuenta cuentos y a otro que era de fotografía.
Lo que más me jalo a mí fue lo visual. El hecho de tener una cámara en la mano, tuvo una carga emocional muy fuerte en mí.
Fue como a la fotografía la comencé a agarrar como parte de mí, a tal grado que cuanto montaron una exposición de puros niños que habíamos hecho foto, uno de mis fotos fue comprada por un coleccionista. Por eso creo que el ego de niño fue el que me motivo para irme por ese lado de la imagen.
¿Qué opinaba su familia acerca de su pasión por la fotografía?
Con el tiempo mi padre realmente no quería que fuera yo fotógrafo o cineasta, por el contrario lo que ellos querían era que yo tuviera una carrera en ingeniería en arquitectura, en ese tipo de cosas.
¿Y su mamá que opinaba?
Realmente mi mamá siempre fue muy condescendiente conmigo, ella me fomentaba mucho las artes, en casa todos mis hermanos tienen cierta tendencia hacia las artes, pero ni siquiera creo que era por mi mamá, sino era por mi padre, mi abuelo, era violinista que había emigrado de irán como refugiado y había llegado por Yucatán. Entonces a lo mejor mi papá tenía cierto trauma en relación al arte y no quería que sus hijos se murieran de hambre.
¿Entonces llegó a escuchar la típica frase “te vas a morir de hambre”?
Por supuesto, cuando yo les decía que quería estudiar cine, mi papá se oponía rotundamente, al grado de que me dijo que si estudiaba cine yo me tendría que pagar la carrera, entonces por darle gusto me metí a estudiar ingeniería solo por darle gusto, estuve un año en el instituto politécnico nacional, no quise seguir ingeniería, aunque me dejo buenos frutos porque me dejó dinero para poder sobrevivir toda la carrera de cine en el CUEC. Ese mismo año hice examen en el CUEC y afortunadamente me quede porque es una universidad donde no es fácil entrar.
Durante todo ese año en el que estuve trabajando en ingeniería me permitió tener los suficientes fondos para rentar un departamento, vivir solo y financiarme la carrera de cinematografía en el CUEC.
¿Qué paso con la fotografía en el inter de la niñez y la universidad?
Realmente la fotografía nunca la abandone porque durante mi época de preparatoriano, trabajaba de fotógrafo en un periódico de sexta o séptima categoría (ríe), de esos de nota roja, de los peores que te puedas imaginar, era de esos periódicos que no eran tan populares pero les dan dinero los municipios o algo así. Pero finalmente era algo que me ayudaba a estar en el medio y aparte tenía yo dinero para gastos personales.
¿Qué beneficios le dio su experiencia fotográfica en el CUEC?
Ya cuando entre yo al CUEC, la fotografía siguió siendo parte de mí, porque me perfile hacia la especialidad de dirección de fotografía y termine la carrera de dirección de cine pero con especialidad en fotografía. Eso me beneficio mucho, porque en mi segundo año de escuela ya comenzaba yo a ser el director de fotografía de comerciales y ganaba muy buen dinero.
¿Cuáles de esos primeros comerciales son los más significativos para usted?
Hay uno de un banco que hice, me acuerdo mucho por su grado de dificultad, va un ejecutivo de un banco saliendo del banco y de pronto brinca, se congela y la cámara empieza a girar en alrededor de él y todo se mueve menos él. Hacer esa toma fue muy difícil pues tuvimos que emplazar como 150 cámaras para crear ese efecto de tercera dimensión y también poder crear el efecto en postproducción para que el editor pudiera tener todos los elementos necesarios para lograr continuidad en lo que las cámaras veían.
Decían que los mexicanos no podríamos hacerlo, que era necesario ir a los Ángeles para hacerlo, creo que era Banamex o algo así, pero cuando lo vieron realizado, se quedaron súper sorprendidos, porque había quedado mucho mejor a como lo habían planteado en el story bord, porque en el story bord hablaban de cortes y cortes y nosotros lo hicimos como si fuera un plano secuencia completito, entonces quedó muy bien.
¿Qué otros comerciales le gustó realizar?
Bueno yo hice muchísimos de CORONA, de esos paisajes, volábamos mucho los paisajes, había playas, nos metíamos en parapentes, en globos aerostáticos, en avionetas y siempre andábamos haciendo de la sierra tarahumara, de las costas del pacífico, venimos a piedras encimadas a hacer un spot.
Muchos comerciales que tenían que ver con naturaleza, la cerveza tenía este concepto, la agencia de publicidad estaba manejando ese concepto de naturaleza, de lo natural y esa serie me gusto mucho.
Hice también una serie de documentales para el INAH que recorrió el mundo, que se llama Ciudades del México Antiguo, que eran todas las zonas arqueológicas y hacíamos muchos time lapse que eran una maravilla, como lo hicimos en cine, hay tiene uno muchos recursos para hacer unas tomas preciosas que difícilmente en video podrían haber quedado; ahorita la tecnología está casi a la par del cine, pero en esa época era una fotografía muy fina, muy cuidada, con las nueves atrás moviéndose en time lapse, hacíamos unos dollys maravillosos y todo eso le daba mucha fuerza a las zonas arqueológicas.
¿Ha cambiado la sensación de tener una cámara en sus manos?
Yo creo que cuando llegas a perder esa sensación de sentir nervio o de sentir el gusto de fotografiar una película, entonces no te involucras.
Si, cada vez que presentó yo una nueva película o un documental, siempre estoy mordiéndome las uñas, si va a ser bien recibido por el público o si va a haber críticas, entonces tengo la costumbre, no sé si sea buena o mala, de que siempre que hay una premier no me gusta sentarme adelante, me gusta sentarme entre el público perdido ahí para escuchar los comentarios de la gente, me interesa saber si se emocionan, si no les gusta, escuchar el cuchicheo entre ellos para enterarme realmente que es lo que piensan. Ya después la parafernalia de la entrevista con la prensa es otra cosa totalmente diferente. Pero siempre estoy muy ansioso de saber que piensa la gente detrás; como buen fotógrafo soy muy voger, entonces, siempre quiero estar oculto escuchando que es lo que piensan los demás sin dejar que me vean, sin que sientan mi presencia.
¿Qué se necesita para hacer una foto?
No necesariamente se necesita el mejor paisaje, para poder hacer una buena foto. Si tienes inspiración en el momento puedes crear una buena foto y también puedes generar estados de ánimo que te pueden inspirar; hay temas que por sí solos me generan cierta inspiración y hay otros en los que tienes que motivarte, pero finalmente, sea una u otra cosa lo puedes lograr.
¿Algún proyecto en el que la inspiración haya nacido por sí sola?
El oficio del arte, ese lo disfrute mucho, porque yo lo fotografié y lo dirigí, además de que la sola idea de estar con artistas y artesanos que dejan su alma en los objetos, me inspiró mucho.
Me Inspiré en la luz, en los colores que ellos van desarrollando, en el proceso de trabajo, en sus manos, en su cuerpo, en sus vidas, en sus historias. El haberme involucrado tanto con ellos, no solo en el aspecto del trabajo, sino con sus familias me hizo crear historias muy compactas, donde el espectador simpatiza inmediatamente con los protagonistas cuando los ve.
Este tipo de trabajos me gustan mucho, sin embargo hay otros que son muy dolorosos, como el documental que hice junto con Rigoberta Menchú, voces de la tierra,
En estos cosas la ética es muy ambivalente y a veces es mala consejera en el sentido de que te dicen que no tienes que simpatizar ni con un bando ni con el otro, en el caso del cine, si tú no tienes empatía con tus personajes, sea ficción o sea documental, definitivamente no vas a tener una obra solida, una obra que sea consistente.
Yo he tenido que vivir con mis personajes, para sacarles el alma, para que me vendan su vida.
Algunas etnias me han llegado a adoptar por ese acercamiento que he tenido.
¿Cómo cuáles?
En Chiapas los tzeltales me llamaron yope, que quiere decir corazón de colibrí, me rebautizaron, me crearon mi propia historia y mi vida.
¿Por qué le pusieron ese nombre?
Ellos dicen que el colibrí es un animal donde habita un corazón muy grande para un cuerpo tan chiquito y también porque yo era como muy vivaracho, preguntaba todo, me quería involucrar en todo; andaba de flor en flor queriendo sacar las mieles de no sé dónde.
¿Algún otro nombre que le hayan puesto en las comunidades indígenas?
Los huicholes me pusieron wuaki. En una de las ocasiones en que fui a Nayarit a filmar llevamos carnes frías para invitarles de comer a la gente de la región, sin embargo, por los cambios de temperatura, la carne se echó a perder. El haber probado un pedazo de una pierna en mal estado, me tiró con fiebre en esa misma noche, por eso me pusieron wuaki: “el hombre que rescatamos de la muerte”.
Un niño, al que yo ya había visitado en viajes anteriores a esa zona, Raura, llegaba a verme, estando yo tirado en un petate y me decía, wuaki levántate, vamos a jugar (ríe).
¿Por qué eligió el documental como herramienta de expresión?
Yo pienso que tiene mucho que ver con una visión de clase. Mucha gente que tiene mucho éxito, renuncia a su pasado. En mi caso se reafirma. Yo vengo de una familia sumamente pobre, a lo largo de mi vida me fue muy bien económica y profesionalmente, pero tampoco puedo renunciar u ocultar mi pasado eso sería una estupidez.
Yo me di cuenta que viví un mundo, que la gente luego quiere ignorar. Es como la gente que mete la basura debajo de la alfombra, no puedes hacer eso, tarde o temprano alguien la descubre.
Creo que el documental es un excelente recurso para no ignorar el pasado y para darle voz a los que no la tienen.
¿Cuál es el objetivo de un documental en comunidades o regiones indígenas?
Que la historia sea dicha por los integrantes de las comunidades. Que ellos se planteen sus problemáticas y las plasmen en documentales. No es lo mismo la visión de José Luis que viene de fuera, que trata de integrarse a una comunidad y que plasme su visión en un documental, a que los protagonistas sean aquellos que padecen los problemas y que con las herramientas la logran transmitir.
¿Ha desarrollado algún proyecto para enseñarles a los indígenas a usar la cinematografía?
Sí, desde estudiante. Yo estuve involucrado en un proyecto que se llamó el proyecto de medios, cuyo objetivo principal era precisamente enseñar a los indígenas a usar la cinematografía para que ellos hicieran sus propias historias. El proyecto de medios luego fue agandallado por el gobierno, el instituto nacional indigenista se encargo de él y se desarrollo pero fue muriéndose poco a poco.
Y ahora con la digitalización de los medios pues seguro que le van a dar en la torre y todas las radioemisoras de las comunidades indígenas van a desaparecer con el pretexto de que no están en convergencia.
¿En este momento existe algún proyecto que permita este asesoramiento?
Tenemos un proyecto llamado de “el cuenta cuentos al cinematógrafo”, se les enseña a los niños de comunidades indígenas y de la ciudad a hacer cine. Profesores de Cinearte se van a las comunidades a hacer cine con los niños de la región y después de unos meses estos niños viajan a la ciudad para que convivan con los niños citadinos y luego se invierten los papeles.
Otro proyecto apoya y capacita a ejidatarios que poseen unidades de manejo ambiental, para que impartan talleres, uno que se llama foto-safari, para que lleguen fotógrafos a dispararle a la fauna y flora que se encuentren y otro que se llama documental de naturaleza.
Asesoramos también a estos ejidatarios para que decidan en cómo se deben usar las reservas ecológicas en situaciones de rodajes de películas, ya que la Comisión de filmaciones a veces no cumple con su función de preservar áreas naturales.
¿Las producciones que se realizan en la comunidad se dan a conocer en algunas otras regiones de México?
Para nosotros es fácil contar con esas producciones para difundirlas. Pero que el proyecto pueda crecer o ser replicado es difícil, porque no tenemos los fondos necesarios para poder hacerlo. CINEARTE pone dinero para hacer ese tipo de proyectos, no recibimos fondos de ninguna institución privada ni del gobierno.
Estamos facilitándoles el trabajo a los organismos de educación. Pero precisamente porque no lo hacen, alguien de la sociedad lo tiene que hacer. En este caso que nosotros estamos inmersos en la cinematografía nos corresponde devolverle a la sociedad ciertos satisfactores que nos han permitido llegar hasta donde estamos y es nuestra responsabilidad enseñarle a la gente un medio como el cine que está lleno de mitos.
¿Cómo que mitos?
Que la cinematografía es alfombra roja, es fama, es glamour, todas esas cosas nos corresponde desmitificar.
¿Cómo es el cine en México?
En México no existe una industria cinematográfica y eso los cineastas lo padecemos bastante. Sin embargo nos da la oportunidad de hacer un cine apegado a las comunidades.
No voy a usar la palabra rescate, me parece que las comunidades necesitan estar involucradas en fomentar su cultura y abrir los espacios para que ésta permanezca.
¿Qué es lo que pasa con la identidad hoy?
Hay que reconocernos primero. Identificar de dónde vienes y te sientas orgulloso.
Somos mestizos, tenemos también una cultura y esa cultura no la podemos permear a todos los que están abajo, a los oprimidos. La convivencia entre las culturas es muy importante, el conocer al otro es muy importante y cuando se conoce al otro se van los miedos. Si no lo conoces vamos a estar pensando qué me va a hacer, qué me va a robar y el otro va a estar pensando lo mismo de nosotros: ese tiene dinero, ese me lo voy a chingar, ese tiene que pagar todo lo que yo he sufrido.
No, no podemos estar viviendo en la venganza, en la división, seamos priistas, panistas, verdes, blancos o azules.
Eso nos lo han estado inculcando los medios de comunicación y hemos caído redonditos en lo que ellos han querido. La televisión nos está haciendo mucho daño, no podemos tener una televisión mediatizadora, deberíamos tener una televisión más inteligente, un medio que nos permita tener un panorama más amplio, que nos vuelva críticos y el término crítico no significa ser criticón, significa partir de los elementos necesarios para que nosotros podamos fomentar una cultura más avanzada, más progresista.
¿Es cuestión de redirigir miradas?
No hay que redirigir nada, cada quién debe estar consciente del daño que nos hacen. Nosotros mismos tenemos que hacer el giro y ya lo están haciendo muchos.
¿Se refiere a los jóvenes que se movilizan hoy?
Me da mucho gusto, aunque tardíamente los jóvenes llegaron a una pelea que les correspondía desde hace muchos años. Finalmente llegaron.
Es importante que ahora la gente si se pueda organizar, porque desde hace más de 20 años la sociedad va más adelante que los partidos que nos están gobernando, pero como están en el poder siguen haciendo lo que quieren con nosotros.
¿Qué es lo que tenemos que hacer?
Organizarnos y conocernos. Si nos organizáramos en diferentes puntos, nos daríamos cuenta de que nos es nada fácil organizarse porque todos pensamos diferente, pero de esas diferencias podemos llegar a consensos, somos humanos, podemos negociar.
Tener una experiencia de organización local, nos facilitaría organizarnos de manera global.
¿Cómo apoya CINEARTE este movimiento?
Generamos debate de las ideas, en función, no de una ideología en especial, sino en función de lo que colectivamente tanto estudiantes como profesores, pudieran discutir, centrándose en un tema por ejemplo de un rodaje. Y todos los cortos y ejercicios fílmicos que hacen los muchachos tienen un alto contenido social, de discusión de las ideas, de la crítica, de la autocrítica del fomento de la organización.
Al irse a filmar a municipios a ellos les caen muchos veintes. Las diferencias que observan les hacen ver un mundo totalmente opuesto y ellos empiezan a formarse su visión del mundo real, diferencian el mundo real y un mundo que pudieran escribir de ficción, eso les ayuda para que puedan salir de este país a trabajar. Porque nosotros generamos cineastas que no se queden en México a trabajar, porque no existe la industria cinematográfica, sino que se vayan a otros países.
¿Qué pasa entonces con la fuga de cerebros y de talentos?
Un director de cine que no recorre el mundo, tiene una visión muy corta. Pero si tiene un referente cultural, por supuesto que siempre lo va a andar cargando en su hombro como costal y va a ser su parámetro que va a tener para poder estar en cualquier parte del Mundo.
¿Qué se vaya, pero que regrese a su país?
Si, siempre regresar.
¿Tiene pensado quedarse en México?
Seguramente voy a viajar, pero mi referente siempre ha sido México, me pase 10 años filmando en Centroamérica y cada año estaba yo aquí haciendo proyectos.
Como dicen en ciertas comunidades indígenas, en donde te enterraron el ombligo, ahí vas a morir.
¿Cuáles son los mitos de los directores de cine?
La fama. A todos nos la colocaron en un pedestal y hay que pelearse por ella. Pero debería ser al revés, la fama sin nosotros no existe. La fama no es una buena utopía, mantener tu privacidad para mí es un valor incalculable.