La dura historia de MANUEL UREÑA “EL INDULTADO”

Noticia escrita el: 11 marzo, 2018 | Por: RocioDM

 

+ Bohemio de corazón

+ Sólo una mujer no correspondió a su amor

 

Fotografía: Rocío de la Mora

Manuel Espinoza de los Monteros Ureña, originario de México, Distrito Federal, nació el 26 de Febrero de 1941, maletilla neto, de sangre gitana, su abuelo paterno de Burgos, España, hijo de Francisca Ureña González soprano y Carlos Espinoza de los Monteros Velázquez.

Sus años de infancia los vivió en Mixcoac donde sus habilidades y su carácter iban encaminados para boxeador apodándolo “El Tarzán” pero también se desempeñó como portero en el futbol donde le apodaron “El niño Boigas”.

Pero el destino lo llevó a Garibaldi a los 12 años donde trabajó en el bar “El Organo” conociendo a las bailarinas y sexoservidoras a las que les hacia los mandados llegando a ser muy popular entre ellas.

A tal grado que una de ellas lo mandó a estudiar actuación pues el canto ya lo desarrollaba a la perfección.

Al llegar a los Viveros en Coyoacán disfrutaba ver entrenar a los aspirantes a toreros.

MALETILLA.-  Persona joven que, desasistida de medios y de ayudas, aspira a abrirse camino en el toreo comenzando a practicarlo, a veces, en las ganaderías o procurando intervenir en tientas, capeas, becerradas, etc.

Los toreros eran los maletillas que se atrevían a encerrarse con el animal en el improvisado ruedo. Si lo hacían bien, se les permitía pasar sus capas mendicantes entre el público, con la esperanza de recoger las monedas necesarias para seguir comiendo hasta la siguiente capea o bien les pagaban con animales.

Torero, enamorado, rebelde y bohemio, a quien su desesperación por triunfar y su frustración por no lograrlo lo hicieron cometer infinidad de errores. Su amargura trataba de ahogarla en borracheras. Tenía gran tristeza por la falta de comunicación con su madre, a la que quiso como a nadie y hasta tenía una foto de ella en su altarcito torero. Lloraba mucho, es un sentimental irredento, grandes turbulencias en su interior lo perjudicaron siempre. “Los toreros jodidos, decía, no necesitamos novias pobres, con nuestras carencias basta y sobra”.

Ante la adversidad, caminando leguas para recibir una oportunidad y sin dinero en sus bolsillos, sólo con sus sufrimientos y hambre del triunfo, alcanzó su sueño debido a su empeño y ayudado por sus dones en otras áreas, como el canto y la poesía, la autoría de su música y la buena suerte con las mujeres, conquistándolas por su facilidad de palabra.

Se viste de luces y se presenta en la Corrida de la Concordia que fue la reanudación de las relaciones entre México y España en la Plaza “El Condado”.

El 24 de Mayo de 1964 se presentó en la Plaza México con el novillo “No te entumas” de la ganadería de Heriberto Rodríguez donde alternó con José Antonio Enríquez y Carlos Peña “Peñita”.

Tomó la alternativa el 29 de Septiembre de 1968.

En su vida está presente el fervor por su Madre, la Virgen de Guadalupe, el Sr. Del Gran Poder y la Virgen de la Macarena.

EL ACCIDENTE.- La tarde del 24 de Diciembre de 1960, en la placita de San Francisco Zapotitlán, de la vecina Guatemala, el novillero mexicano Manuel Ureña, sufrió una cornada insólita: el novillo que enfrentaba, al tirar el derrote, se encontró con la oreja izquierda del joven, arrancándosela de cuajo. En los anales de la tauromaquia no se sabe de otro caso en que haya sido el toro el que cortó la oreja de su presunto matador.

Tras ese percance, al que sucedieron semanas de insoportables dolores y de ninguneo a cargo de la Asociación de Matadores, que al decir del escritor taurino Jaime Rojas Palacios querían echarlo del sanatorio de toreros porque les costaba muy caro mantenerlo allí, Manuel Ureña recibe el apodo, tan raro como su cornada, de El Indultado. Con ese alias continúa Ureña recorriendo las plazas del país, en actuaciones que, por el temperamento del muchacho, eran de contrastes: o cortaba orejas o fracasaba estrepitosamente, no obstante sus buenas maneras frente a los astados.

El Dr. Angel González Rodríguez -continúa Jaime-, eminente cirujano, después de varias operaciones logró componerlo y Manolo le prometió que algún día, en agradecimiento, le entregaría la Oreja de Plata cuando la ganara en la Plaza México. Y lo cumplió, olvidándose del calvario aquel pero no de su promesa, al triunfar con Rajatablas, de La Laguna, el 15 de Noviembre de 1964, no sin llevarse una herida en el muslo. Casta de torero en un hombre cuya vida no se caracterizó por la consistencia sino por la dispersión, paradójicamente por estar sobrado de cualidades.

Cantante de flamenco y música vernácula se presentaba en caravanas artísticas al lado de Queta Jiménez “La Prieta Linda” y Amalia Mendoza “La Tariacuri”, conociendo al locutor poblano Otoniel Mendoza invitándolo a nuestra ciudad e integrándolo a las caravanas que se hacían en nuestro estado, aceptando tal invitación.

En 1990 viaja a Bogotá, Colombia representando a México en el Festival de José Pulido. Así transcurrieron 15 años y dos más en Guatemala regresando a Puebla en el 2004.

Ahora ya en el retiro y con las secuelas de las heridas de torero, presenta el libro “El Indultado” que en su 4ª. edición, cuenta con 33 capítulos de la vida de este maletilla que ha caminado la legua para querer ser torero y es una obra con un contexto muy claro y entendible, siendo una novela hasta para llevarla a las pantallas de cine o bien en un documental, porque este personaje de El Indultado luchó por la vida por querer ser un gran torero.

El libro titulado precisamente “Manolo Ureña El Indultado”, fue escrito por la michoacana María Elena Gómez Mondragón, cuenta con prólogo de Adolfo Brun, la portada es pintura de Alejandro Estrada y alucinado epílogo de “El Pana”, escribe Leonardo Páez.

Manolo Ureña también apodado El Indultado, fue el último novillero mexicano en salir a hombros por la puerta grande de Las Ventas de Madrid, España donde el matador dejaría huella taurina a largo plazo.

Ahora imparte conferencias en el interior de la República Mexicana con “La vida de los maletillas” una especie ya en extinción.

El libro se consigue en la Biblioteca ubicada en el Palacio Municipal de la ciudad de Puebla.

Con 15 cornadas físicas, 12 cirugías en el oído izquierdo y las que llegaron hasta en el alma, pasó hambre, perseguido por las mujeres, con dos cojones como sentido de la vida, generoso, libre, independiente, padre ejemplar, discreto con lo suyo, triunfador, casado de primeras, que más se puede decir de este tipo con dos cojones que tiene por montera.

¡OLE! DON MANUEL.