La educación por el arte o el arte en la enseñanza.

Noticia escrita el: 12 mayo, 2013 | Por: Víctor Manuel Barceló R

 

En la historia de la educación y en la práctica cotidiana de un maestro,  claramente se aprecia el arte como vía para la enseñanza. La ruta puede ser contemplativa –visitas a museos, zonas arqueológicas y creadas en épocas pretéritas o actuales, ambientes naturales excepcionales, observación de la naturaleza en sus expresiones diversas, todo aquello que permita entender el proceso de la vida humana y, a la vez, cargarse de energías positivas para la existencia-. También el arte forma parte entrañable de las metodologías de la enseñanza, corroborado en la pedagogía de todos los tiempos.

Las escuelas normales –sin olvidar sus crecientes deficiencias actuales, no siempre imputables a su desempeño- consideran a la música, el canto, el arte teatral, la danza, la oratoria y otras expresiones creativas, como parte del proceso formativo del maestro. Pintura, escultura, la arquitectura, siempre integraron la vida escolar normalista y son fuente de proyección hacia el exterior, de maestros y alumnos que se distinguieron y distinguen, en todas las épocas de existencia de tales instituciones, formativas de la parte humana más importante y sensible de la educación: el maestro.

 

De mediados del siglo XX hasta los setenta, contamos en la hoy Benemérita Escuela Nacional de Maestros con un profesorado selecto, para quienes no había tiempos de trabajo, ni de entrega a la relación con sus alumnos. El único momento medido era el de la clase, bien sabían de los requerimientos de la mente para variar de temas o tomar “descansos confortantes” –en la expresión del Mtro. Antonio Peniche García como me recordaba Julieta Palacios- para, con nuevos bríos, seguir adelante en el trabajo escolar.

En los intermedios, entre clase y clase, o al finalizar la jornada, no era extraño ver corrillos, en pasillos del edificio –armónica y funcionalmente diseñado por Pedro Ramírez Vazquez- o en las “donas”, con que se cuidaba a las jacarandas, con inolvidables maestros como: Amada Reyes, Alfonso Sierra Partida –liberal pleno, impulsor en nuestras conciencias del laicismo y las libertades del hombre- Jesús Sotelo Inclán –revisando con pasión controlada nuestros escarceos literarios- Arqueles Vela –el estridentista mayor-. Con todos ellos, definíamos: la próxima práctica intensa en escuelas de la capital y aledañas; la obra de teatro a escenificarse en El Ateneo; el concurso de cuento, poesía, oratoria, coros-. Con David Malváez –en su consultorio para cualquier duda medica o existencial, recuerda Salvador Gutiérrez-.  Para fortalecer valores: en deportes con el Mtro. Andrés Pérez o con el “Latigo” Gerner en futbol americano; el maestro Guzmán para crear coros y otras expresiones musicales, a que dedicó su existencia en pleno.

Científicos como: Froilán Pérez –precursor del franelógrafo- Manuel Gallardo -inolvidable por su sabiduría y bonomía-. Pedagogas de alcurnia como la Maestra Ceniceros de Zavaleta, Ernestina César, Sinosura Constantino, Josefina Sánchez Vargas –muy querida y respetada por las compañeras del Depto. De educadoras-, Aurea Alfaro, Isaac Palacios –cuya hija Julieta estudio en nuestra Generación-, Antonio Solís Martínez, Arturo Fajardo; María de la Luz López Ortiz, Raul Cordero Amador –cuyas hijas Renata en nuestra Generación y Eloísa posteriormente, se forjaron como maestras- los esposos Ballesteros Usano venidos de allende el mar, y Agustín Mateos.

El extraordinario maestro, director y funcionario Benjamín Fuentes González, Ricardo García Zamudio, Alfonso Contreras, Natalio Monroy, los González Blackaller. Toca al maestro Leopoldo Hernández Montaño iniciar, en el vespertino de la Nacional de Maestros, la coeducación, sueño anhelado ante la obstinación antipedagógica, de separar estudiando a jóvenes y señoritas, cuando en la vida práctica la tarea no era así, por razones mil, que se reivindican con la creación del “Mixto Nocturno” que espera estudios serios para entenderlo.

 

“¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! / ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!” señaló Charles Baudelaire. Espero de mis colegas luces y nuevas evocaciones, que redondeen este empeño inicial por honrar en el recuerdo –así sea efímero- a quienes desde la escuela y en la cotidianidad del afecto, fueron guías de una tarea fundamental: Formarnos para aprender a aprender, para enseñar a vivir.

 

Los diálogos y determinaciones extra clase, para: técnicas de la enseñanza, prácticas pedagógicas, deportes, salud, actividades artísticas, tenían su origen en el aula, en la clase salpicada invariablemente de lecturas alusivas. Ellas nos despertaban interés por percibir, apreciar y expresarnos. A la vez, esmero por conocer, escuchar, observar, practicar, investigar y crear, en todas las expresiones del arte y de las ciencias. Esto no era privativo de la Nacional de Maestros, se daba en normales estatales y rurales, allí se resguardan costumbres ancestrales de nuestros pueblos, que servían para mantenerse vigentes y les proporcionan hoy elementos para asentar su identidad. Todo ello está a la altura del arte como expresión humana.

Así, bajo la guía recia y comprensiva de mujeres y hombres con gran sentido del aprendizaje-enseñanza, fueron madurados nuestros conocimientos en lenguaje, matemáticas, civismo, historia, geografía y todo lo concerniente a producción agropecuaria, cimientos de la industria y la economía. Al salir al aula –casi de cualquier normal pública o de educadoras- llevábamos un amplio bagaje de conocimiento, pero sobre todo, la pasión por profundizarlo y hacer dueños a los alumnos –empoderarlos diríamos ahora- de ese saber y de las formas en que podrían usarlo para la vida.

Sí, aún las condiciones político-económicas mantenían la pasión del proceso social de la Revolución y nos convertían en apóstoles de la educación. Pero era otro momento y, seguramente nuestro empirismo en muchas cosas, lo teníamos que compensar con la entrega total a nuestra tarea. El maestro era ejemplo social, querido y respetado en donde laboraba.

 

Quizá lo rescatable para el presente sea retomar la línea pedagógica desde el Vasconcelismo y aún antes; entre ellas, la educación por el arte. En meses –octubre del 2013- se llevará a cabo el 3er Congreso Internacional de Educación, Puebla 2013. “Herramientas Educativas para el Nuevo Milenio”. Será gran oportunidad para coadyuvar a la tendencia nacional por rescatar lo valioso de nuestro pasado educativo –que es mucho- e incorporarlo a las tendencias que encausan a una Nueva Escuela.

Dentro de tal tarea está el arte y su participación invaluable en la educación. El arte, a veces por descuido o poca importancia dada al mismo –ante el empuje de emergencias mayores- se acerca o se aleja abismalmente de la vida cotidiana, del ciudadano como tal y de las comunidades en pleno. El siglo XX pregonó en diversos momentos, la supresión de esa barrera y, desde Charles Pierre Baudelaire ( París, 9-1821 París, 31-agosto-1867) ya no parece haber más héroe que el ordinario. “Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,¡ Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo !Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta de un infinito que amo y jamás he conocido”. Ello no impide que nos cuestionemos: ¿cuál es el lugar que ocupa el arte en la vida cotidiana?, ¿cuál es el lugar de la vida cotidiana en el arte? Allí la educación formativa de los docentes es la clave. (Continuará).

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Puebla Pue.