Manifestaciones + manifestaciones = ¿Vandalismos u/otro 68?

Noticia escrita el: 6 octubre, 2019 | Por: Tómas De los Santos H.

Como Veo doy

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Manifestaciones van y Manifestaciones vienen sin lograr hasta la fecha su cometido; el país se está incendiando, en el artículo de nuestra amiga y compañera de batallas periodísticas, Alejandra Xilotl Solano, directora del portal informativo www.dialogosinfronteras.com escribió lo que a diario vivimos los ciudadanos, así como la discriminación de la cual fue objeto de ciertas personas, su nota lleva como cabeza: “En Puebla se siente miedo, huele a muerte”

 

Esto que publicó mi amiga es muy cierto, el problema no tiene para cuando solucionarse, la complicación cada día es más grande, no tan sólo en Puebla, Oaxaca, León Guanajuato, Guadalajara y México, entre otros estados.

 

Este humilde reportero ve que llegó el momento de dar el “manotazo” sobre la meza, caiga quien caiga y poner fin a tanto vandalismo, manifestaciones, bloqueos de calles, suspensiones de clases y paros nacionales en las principales carreteras del país, tal y como sucedió hace 51 años. Pero…realmente qué pasó en 1968:

 

Juzgue usted estimado lector.

 

Después de la renuncia del general Antonio Nava Castillo, en Puebla se vivía una tranquilidad -aparente-, la gente saludaba al transeúnte con mucha educación, el paseante bien vestido reverenciaba el sombrero, había valores morales, claro, esto era porque la ciudad tenía pocos habitantes, la totalidad de poblanos se encontraban en el interior del estado, la UAP concentraba a la mayoría de la población estudiantil en el edificio central “Carolino”. Y… ¿Cuál fue el colofón para el fatídico 2 de octubre de 1968? Veamos.

 

1929, en la UNAM, se da el despido del rector Antonio Caso y la postergación de la autonomía universitaria, antecedentes para la huelga. En mayo de ese mismo año la escuela de Derecho celebra una Asamblea General, a la que el Consejo Universitario no atendió sus peticiones, ocasionando que la escuela de Derecho realizara un paro, teniendo como consecuencias que el 7 de mayo quedara suprimida la escuela por orden presidencial, señalando las autoridades: “Por cuestiones de disciplina y cumplimiento de los reglamentos universitarios, no es posible su apertura”.

 

Ante las órdenes gubernamentales, el 23 de mayo se suman a la huelga la escuela de Odontología, las secundarias 1, 3, y 4, así como la escuela preparatoria. La población estudiantil a través de su pliego petitorio solicitaba la Autonomía Universitaria, misma que más adelante el Presidente de la República prometía en una carta enviada al Rector, señalando que ésta sería concedida a partir del 9 de julio de ese mismo año.

En 1944, nuevamente el gremio estudiantil estalla en huelga, porque el Rector de la UNAM, Rodolfo Brito Foucher, impuso a sus “incondicionales” como directores de escuelas y facultades y la creación de un grupo de choque dentro de la misma casa de estudios, al que los estudiantes bautizaron la “Briostapo”.

 

A mediados de marzo de 1966, la Facultad de Derecho se declara en huelga, porque el director de la escuela prohibió la Libertad de Expresión a los estudiantes que protestaban por los conflictos de Vietnam, el chino-soviético y apoyaban la revolución cubana.

 

En este movimiento las molestias fueron más allá de lo que se esperaba, los estudiantes reclamaban ¿por qué eran reprobados más del 80 por ciento de los alumnos?, ¿por qué suspendían injustificadamente a varios maestros?, los cuales eran sustituidos por los incondicionales de la Rectoría y, ¿por qué expulsaban a los líderes estudiantiles?

 

A finales del mismo mes, la mayoría de las facultades y preparatorias nacionales se solidarizaron. Como respuesta al movimiento, el Rector de ese entonces, Ignacio Chávez, canceló la inscripción a los alumnos de Derecho, por ser ellos los iniciadores del estallamiento de huelga.

 

El 26 de abril del mismo año, después de sufrir agresiones por parte del personal de vigilancia de la UNAM, los estudiantes entran a la Rectoría para dialogar. Después de varias horas Ignacio Chávez recibió una llamada del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, para pedirle su renuncia, asumiendo el cargo Javier Barros Sierra.

 

Abril de 1967; en este año el movimiento estudiantil que se daba en la capital de México, así como muchos más que se desarrollaban en el ámbito nacional, impulsaban luchas para defender sus organizaciones del ataque de las autoridades. La Juventud Comunista de México en su boletín interno caracterizaba la situación así: “La jornada del 5 al 15 de abril estuvo integrada por multitud de acciones locales distintas”; este señalamiento coincidió con otros movimientos como la Huelga universitaria en Tabasco, la Huelga estudiantil de Sonora, la Huelga del Tecnológico de Ciudad Madero, Tamaulipas; en el Quinto, Sonora; en Yucatán, poco antes las Huelgas Universitarias de San Luis Potosí y Tamaulipas.

 

1968 “Año de la Represión”. Es en este año cuando los movimientos estudiantiles se fortalecen cada día más y más. El 29 de julio se da la represión mediante un ostentoso e increíble despliegue de fuerza, el cual intentaba con la violación de la autonomía universitaria y la sujeción “al orden” de los estudiantes, apagar los brotes de protesta que se desarrollaban desde dos días antes (28 y 29 de julio) con motivo del aniversario de la Revolución Cubana; es en esos días cuando se da el inicio de un verdadero movimiento nacional de repudio al régimen gubernamental. Este movimiento estudiantil y social se da a lo largo y ancho del país, en donde participan obreros, campesinos, artesanos, lecheros, amas de casa y choferes del transporte público, entre otros.

 

Si eso pasaba en la capital del país, en el Estado de Puebla las violaciones a las garantías de la sociedad y de los universitarios estaban peor, los granaderos y el ejército con balas -no de goma- atentaban contra la vida de los manifestantes, encarcelando principalmente a los campesinos que venían del interior del Estado quienes a través de sus pancartas no aceptaban que les pagaran el precio de sus productos demasiado baratos, mucho menos que les quitaran sus tierras; las amas de casa y estudiantes estaban en contra del alza al precio de la leche y el aumento al pasaje del transporte urbano.

 

Los granaderos intervinieron de manera brutal en un pleito estudiantil, en Ochoterena se fue a huelga y se emprendió la lucha contra la fuerza pública, hasta que el ejército sitió la Escuela Nacional Preparatoria y de un bazucaso en San Ildefonso el 29 de julio, destruyó el portón barroco de la institución, logrando con esto, la toma de la Escuela Nacional Preparatoria, vía el Batallón de Paracaidistas, quienes con tanques y bazucas realizaron otras actividades represivas.

 

La represión del ejército se daba a conocer a la población por medio de denuncias propagadas por miles de brigadas estudiantiles a través de millones de volantes, estas denuncias por medio del volanteo fue tan penetrante y veraz que, la deformación de los hechos operada por los medios masivos de comunicación, fue contrarrestada.

 

Autoridades, estudiantes, intelectuales y sociedad en general, coincidían en calificar el acto ordenado por la Presidencia de la República como arbitrario y despótico, violatorio de todos los principios jurídicos.

 

2 de agosto; después de varias protestas encabezadas por Barros Sierra, la UNAM se declara en huelga y se constituye el Consejo Nacional de Huelga. Sus demandas eran: Libertad de presos políticos, destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea, así como la extinción del cuerpo de granaderos.

 

28 de agosto; luego de una multitudinaria manifestación, el ejército y la policía toman el zócalo de la ciudad de México para desalojar al grupo de manifestantes que se había quedado de guardia en espera del informe presidencial y exigiendo “dialogo público”. Los colegiales son perseguidos por las calles, mientras los carros blindados militares cargan contra la retaguardia juvenil. Se apaga el alumbrado público y en la oscuridad se ataca indiscriminadamente a los estudiantes, 14 tanques arremeten contra la multitud aplastando a varias personas, acto seguido se escuchan los tiroteos en las calles adyacentes al zócalo causando más víctimas.

 

¿Quiénes daban las órdenes y claves para desbaratar los movimientos estudiantiles?

Gustavo Díaz Ordaz, Presidente de la república Mexicana; Luis Echeverría Álvarez, Secretario de Gobernación y “Agente No. 1 de la CIA en México; Fernando Gutiérrez Barrios, Director de Seguridad Nacional; Alfonso Martínez Domínguez, Presidente del Partido Revolucionario Institucional, quien declaraba en ese entonces que “los estudiantes no debían abandonar las aulas para ir a perder el tiempo en actividades que no les corresponden”; Alfonso Corona del Rosal, Regente del D. F.; José González González, quien formó el Grupo de Investigaciones Especiales de la Jefatura de Policía, encausado a resolver los problemas del movimiento estudiantil, pero además participó en la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco; el capitán Octavio Vázquez Baeza; el “güero” de la Peña, Director de Averiguaciones Previas de la Procuraduría General de Justicia, entre otros.

 

18 de septiembre; con lujo de violencia el ejército toma la UNAM, son detenidas todas las personas que se encontraban en la máxima casa de estudios; aproximadamente 10 mil soldados con tanques ligeros, carros de asalto, transportes militares y jeeps, se dirigen a las distintas escuelas y facultades para aprehender a los estudiantes, padres de familia y maestros.

 

21 de septiembre; este día y después de una revuelta desigual, el 43 Batallón de Infantería y 9 unidades blindadas acuden a apoyar a los granaderos y policías que durante siete horas de lucha habían tratado en vano de tomar la Vocacional 7, logrando finalmente controlar la situación.

 

24 de septiembre; es tomado el Instituto Politécnico Nacional y la Prevocacional 4. El Casco de Santo Tomás es ocupado a sangre y fuego por 600 hombres con 15 tanques y por efectivos de la policía judicial, armados con M-1 y lanza granadas. La Unidad Profesional de Zacatenco es tomada el día sábado por la noche por mil soldados que llegan en 30 transportes y con 13 tanques ligeros, 59 patrullas de policía preventiva y 150 agentes de la policía judicial. Todo esto fue el colofón para la matanza del 2 de octubre de 1968, donde centenas de estudiantes fueron masacrados en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

 

Lo que desconocen las nuevas generaciones

 

La tarde del día 2 y gran parte de la noche en donde todo quedó en tinieblas, las ambulancias de emergencias suspendieron sus servicios a la sociedad en general, para darse a la tarea de trasladar a los estudiantes heridos a las clínicas y hospitales con la consigna de auxiliarlos. En los hospitales los médicos fueron retirados disfrazando inmediatamente a policías y judiciales de doctores y enfermeros.

 

Durante la ejecución de ese fatídico 2 de octubre y la madrugada del día siguiente, así como las primeras horas del nuevo día, la plaza fue acordonada y tapada en su perímetro con grandes tablas para que nadie viera lo que había pasado, además que el paso estaba prohibido, los únicos que entraban y salían eran los camiones recolectores de basura en donde echaban a los muertos por montones para ser trasladados a los crematorios del Panteón Civil de Dolores y del Hospital de la Raza, en donde fueron incinerados, sin que el mismo gobierno supiera cuántos fueron, a parte de los desaparecidos que jamás se supo a dónde quedaron.

 

10 días después, el pueblo de México olvidó la masacre estudiantil, para seguir con atención los XIX Juegos Olímpicos. Casi al año, el primero de septiembre de 1969 el Presidente Gustavo Díaz Ordaz (el mandril más grande de la historia), al rendir su informe de Gobierno ante el Congreso de la Unión, señaló: “Las ofensas no me llegan, el Odio no ha Nacido en Mí, si fuese culpable que la Historia me lo Demande”, esto ante 35 millones de mexicanos.

 

Al paso de los años, en el mes de julio del año 1999, la LVII Legislatura de la Cámara Baja de Diputados, declaró el caso del 68 como asunto juzgado y concluido, ya que el autor intelectual de la masacre había fallecido. Para la sociedad (los que aún quedan y vivieron esos tiempos) el “Caso 68” no es un Asunto Juzgado, ya que hasta la fecha no se sabe el paradero de los desaparecidos y el gobierno en ese tiempo ocultó el número de muertos.

 

Hoy, a 51 años de la represión estudiantil, los resultados siguen siendo los mismos: Manifestaciones, suspensión de clases, ataques a las oficinas públicas, recintos legislativos pintados, iglesias pintadas, paraderos de autobuses pintados y vidrios despedazados, saqueo al comercio establecido, agresión a reporteros y fotógrafos de los medios informativos, agresión a los policías y saqueo al comercio establecido, con la diferencia que hoy no dan la cara, se esconden bajo una capucha para destruir a sus anchas lo que no les parece, gritando sus consignas ¡Los queremos vivos! Y ¡2 de octubre no se olvida!, cuando muchos de los anarquistas que salen a las calles a gritar y desquiciar a la sociedad desconocen realmente qué fue lo que pasó el 2 de octubre y cómo fueron eliminados estudiantes y familiares.

 

Señor Presidente Andrés Manuel López Obrador, ya no siga tolerando a este tipo de gente, deje usted de ser populachero -aclaro-, esa personalidad lo llevó al triunfo, pero llegó el momento de levantar la voz, azote la mano, deje usted de advertirles que tengan cuidado porque en una de esas los va a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos para que les den sus jalones de orejas y hasta sus zapes. Así no señor López, fue usted elegido para un verdadero cambio no para seguir con lo mismo que hacían quienes lo antecedieron en el poder. Hasta aquí mi comentario.


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