Así pensaba Jenny pero por lo tanto por las noches la ventana de la habitación era puro vaho, el aire helado del cuarto no lograba petrificar ambos cuerpos ardientes. Una noche de tantas Jenny comenzó a orinar frecuentemente, se levantó al baño y al volver despertó a Bernstein para comentarle que seguramente tenía cistitis puesto que le dolía la vejiga al ir al baño. El profesor le dijo que se durmiera y que al día siguiente irían al médico, pero al despertar, Jenny se sentía bien y ya no quiso ser atendida. Así pasaron juntos cerca de un mes más inmersos en la felicidad y ocultando su amor ante alumnos y maestros. En clase intentaban no dirigirse la palabra para evitar sospechas. Una mañana, el profesor despertó a Jenny con el desayuno en la cama pero algo sucedió, tal vez los huevos estaban crudos o pasados porque al dar el primer bocado, Jenny corrió al baño a vomitar, en fin, lejos de eso la chica se metió a la regadera y la vida de la pareja aparte de algunas rencillas de enamorados era feliz. Bernstein se sentía con el corazón pleno, llegaba todas las noches después de contar sus pasos o algunos pétalos de alguna flor que compraba para su chica y ella lo recibía con una deliciosa cena. Él a veces echaba un tanto de menos la soledad, pero ella le parecía hermosa y divertida y apostaba todo por mantenerla a su lado, pero de pronto una nube gris le llenó de neblina el ánimo puesto que Jenny había comenzado a estar muy extraña con él y preocupado por su virilidad se preguntó si sería posible que su chica le estuviera tomando el pelo. Se preguntó si sería que llevaba puesta hace tiempo la corona de espinas de la traición ¿Era un cornudo? Eso podía ser posible puesto que Jenny era una chica guapa y seguramente andaba de novia de un chico de su edad, así que lleno de angustia supo que debería encontrar el momento indicado para preguntárselo. Bernstein de pronto miró para un lado, miró para el otro, supo que estaba solo y sacó su grabadora y al apretar el botón rojo de record dijo lo siguiente:
-Jenny es indescifrable. Cada vez me percato más de que en realidad soy un hombre que conoce muy poco la naturaleza femenina y aún así, he logrado fabricar una historia de amor a su lado. Es increíble observar cómo se han ido esfumando de mi vida algunas musarañas como mañas atroces. Mañana le traeré a la nena un lindo obsequio.
Bernstein guardó la grabadora y así fueron pasando los días. En una ocasión, el profesor amaneció inquieto, estaba un tanto mareado y corrió al baño a vomitar. Jenny volvió a eso de las ocho de su caminata diurna pero lo hizo sofocada y su cara lucía demacrada.
-Se te ve cansada. Dijo Bernstein.
-No es nada tan sólo me sofoqué un poco.
-¡Rápido! Exclamó Bernstein vamos a la clínica de la universidad.
-Pipu ¡Tranquilo! Qué urgencia la tuya. Es tan sólo un sofoco.
-Bonita. Tú no lo comprendes, debes tener cuidado con la salud. En este momento puedes estar pasando por un problema cardiovascular por ahí escondido, o una diabetes mellitus, un derrame inerno o una bacteria en el intestino, no sabemos pero lo debemos averiguar, desde hace unos días te noto débil ¿has tenido diarrea o vomito?
-Sí, ayer vomite pero la causa fue que hace unas semanas me da mucho asco lavarme los dientes, la pasta dentrífica me asquea.
-¡Qué raro! ¿Cómo que te asquea? Exclamó Bernstein. Yo también he tenido vomito e imparto clase con el vómito en la garganta, no rindo debidamente en el proyecto del monstruoso Mujica ¿Será que comimos algo que nos hizo daño? ¡Vamos ahora mismo al médico!
-Hoy no. Estoy muy cansada. Tengo mucho sueño, tan sólo quiero recostarme y dormir.
-Nena yo también me siento cansado pero esto se podría complicar.
-Déjame dormir. Dijo Jenny.
-Muy bien, duerme, por entonces yo me voy a trabajar y cuando pueda haré cita con el médico, vuelvo a la hora de la cena. Ven, anda, dame un beso.
Bernstein se acercó a Jenny pero ella no quiso otorgarle su cariño y este se fue camino del trabajo preocupado. Afuera había caído una helada, se puso los guantes, la gabardina, iba con pantalones guangos color azul marino que tanto apreciaba e inició su recorrido con el pie izquierdo. Izquierdo, derecho, izquierdo, derecho. Contaba; uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. 670 pasos de su casa a la parada del autobús iniciando con el pie izquierdo. Bernstein no lo podía creer puesto que todo aquello estaba resultando de mal agüero. Pasó una jornada somnolienta y la clase de bioética transcurrió aburrida tanto para él como para los alumnos, por la tarde no logró concentrarse ni un ápice en el proyecto de Mujica y era posible que tuviera fricciones con él de nueva cuenta pero ya nada le importaba puesto que ahora su mayor preocupación era su relación la chica pelirroja. Un presentimiento le hizo entender que algo ocultaba Jenny celosamente ¿sería cierta su sospecha de que ella tenía un amante joven y apuesto con el cual se veía a escondidas de él? La preocupación lo hizo presa y lo inundó el infortunio. Fue entonces que Bernstein la pasó muy mal todo el día
dándole vueltas al asunto. Volvió a casa a eso de las nueve de la noche y saludó a Jenny pero ella estaba con un aspecto muy demacrado. El profesor intentó sostener su mano sin quitarse aún los guantes pero ella caminaba de un lado para otro evitando cualquier tipo de contacto con él.
-¿Ahora qué sucede? Preguntó Berntein.
-No pasa nada. Siéntate. La cena está lista.
Jenny sirvió dos platos de arroz a la mesa sin haber puesto el mantel. Él quería preguntarle la causa de su fastidio pero no tomaba valor y fue cuando entonces se derramó la sal en el plato de Bernstein:
-¡Auch! Mis muelas. ¿Qué hiciste Jenny? Este arroz está tan duro que parece munición.
-¡Buuuuaaaaaaa!
Jenny comenzó a lloriquear y el profesor se quedó estupefacto ante los chorros de lágrimas de la chica y sorprendido dijo al intentar abrazarla:
-¿Qué tienes cariño?
-¡Buaaaa! ¡Quítate! Cuando te conocí me dio la impresión de que contigo se podía hablar de cualquier tema pero veo que no es así. Eres un autoritario.
-¿Cómo? ¿A qué te refieres? ¿Qué pasa? ¿Qué te sucede? Preguntó Bernstein.
-¡Buaaaa! Lloraba Jenny y entonces dijo:
-Tengo que contarte una historia que tal vez no te llegue a agradar.
-¡Cómo!
-Hace …hace …tiempo que hay un tercero entre los dos.
-¡Lo sabía! Exclamó el profesor ofuscado pasando las manos por su coronilla.
-Yo …yo… yo…hace un mes que…
-¡Qué! Gritó Bernstein agitando las manos ¡Es ese rufián de Ibáñez cierto! ¡Era de esperarse, ese niñito rico y guapo pudo más que yo! ¡Lo voy a reprobar! ¡Voy a reventarlo en el exámen!
-¡Buaaaaa!
-¡Deja de llorar y dime toda la verdad!
-Pipu hace un mes que …que ..bueno yo …yo sé que esto te desequilibrará pero yo estoy embarazada.
-¡Qué!
-¡Sí! ¡Y no deseo al bebé! Deberás llevarme a abortar. Soy muy joven para encargarme de algo así.
Bernstein agitó los brazos y exclamó:
-¡Ni hablar de espantar a la cigüeña!
Entonces se dio vuelta sorprendido, le dio la espalda a Jenny y no podía creer lo que escuchaban sus oídos. La chica estaba siendo ante los ojos de Bernstein fría y calculadora y
pensaba que seguramente la diferencia radicaba en su punto de vista objetivo que se distinguía del mundo juvenil y alocado de su amada.
-¡Abortaré! Gritó Jenny encolerizada.
-¡Merece vivir! ¡Merece vivir! Será nuestro hijo. Afirmaba el profesor jalándose de los cabellos.
Intentó abrazarla pero ella logró quitarlo de su lado y él aseguró:
No actúes de manera apresurada te lo ruego. Tómate tu tiempo y razona centrándote en imaginar un ser sangre de tu sangre entre tus brazos. No puedo decirte más, la decisión la debes tomar en solitario. Es tu cuerpo y es tu ser, no comprendo tus razones, pero debes saber de una buena vez que si dices sí a la criatura yo me haré cargo de su bienestar por el resto de mis días.
-Déjame a solas te lo ruego. Dijo Jenny.
Bernstein se quedó parado y mudo delante de Jenny sin poder encontrar como se echan las campanas al vuelo el poder de réplica y decidió dejarla sola y salir a la calle a caminar intentando aplacar todas sus dudas. Afuera estaba oscuro y caía una helada, el profesor llevaba la cuenta de 299 pasos cuando se detuvo embargado de emoción, sacó la grabadora y dijo:
-Justo cuando menos lo esperaba, uno de mis espermatozoides ha enamorado el ovulo de Jenny y adentro de ella se va formado ya una célula primigenia, las leyes de la biología me han dado una probada de mi propio chocolate, ya hay un homúnculo en camino y en menos de nueve meses nacerá un organismo pluricelular que portará mis propios genes, ¡sí! su humanidad coincidiría con la mía en un cincuenta por ciento ¡Jajaja! Sonreía Bernstein mientras continuó hablando a su grabadora lo siguiente; me pregunto; ¿qué tan parecido podría llegar a ser a mí?. ¿Cómo le llamaré? ¿Cigoto? ¿Blastocisto? ¿Ectodermo?
Suelta la carcajada y emocionado dice:
-Si es un varoncito le llamaré Nelson y bueno, ¿si es una niña? ¿Reina? No, ¿Covadonga? No suena muy de varonesa. ¿Paulina? Podría ser. Pero porqué no ponerle un nombre en honor a mi profesión Sería ¿Timina? No, ¿Mielina? Jajajaaj No, ¿entonces?
Camina tres pasos más y exclama:
-¡Lo tengo! La llamaré Adenina.
Pero después la tristeza lo embargó y guardaba la grabadora cuando pensó que Jenny estaba actuando con corazón de piedra pero él, le rogaría que meditara sobre la futura vida de aquella morula que guardaba en su ser. Bernstein sabía que aquella célula nueva se iba desarrollando en constante estado de flujo y a él se le iba comiendo el coco por convencer a Jenny y de vuelta habla a la grabadora lo siguiente:
-Aparatejo escucha bien esta verdad, tengo que dejarle claro que la ética de una mujer como ella la hará presa del remordimiento por llevar a cabo su capricho que se le revertirá como una carambola …no, …no …¡Estás equivocado! Sólo ella decide en qué empleará su libertad pero;
¡Sí! Exclamó girando su cuerpo para volver a casa y fue cuando el sudor frío lo aturdió mientras pensaba en el grave problema en que se había metido con Mujica y el patronato de la Universidad. Entonces así le habló a la grabadora:
-¡Qué más da! Si tuviese la necesidad de responder ante el tribunal universitario, resignado a perder el trabajo diría que he actuado como una bacteria infecciosa pero que en cosas del corazón uno no manda. ¡Voy a convencer a Jenny de que deje que el bebé se geste dentro de ella! ¡Yo voy a hacerme cargo de él!
Bernstein volvió a casa, subió los 27 escalones apretando con los pies la roída alfombra y entró a la habitación y ahí estaba Jenny tumbada en la cama devorando papas fritas, dulces y chocolates:
-Nena tenemos que hablar. Dijo Bernstein. Debemos pensar dos veces lo que haremos, creo que esta casa necesita una nueva luz que nos llene de vida y eso ahora se podría hacer realidad.
Jenny hizo una mueca guardando silencio y se giró dando la espalda al profesor y Bernstein abrazó a Jenny que poco a poco se fue quedando dormida. Mientras tanto el profesor Bernstein imaginaba despierto la figura de un espermatozoide y un ovulo unidos convirtiéndose en morúla. Un feto, un bebe recién nacido. Se imaginaba en una casa en la playa con vista el mar donde hacía mucho calor y la brisa penetraba en sordina por las ventanas. El viento era suave y aligerado y sobre una mesa baja de patas torneadas había una pecera. Sonríe al visualizar unas manos que vierten un montón de comida a los peces gordos que en un océano artificial dejan pasar la vida, esas manos son traviesas y diminutas. Bernstein vuelve a sonreír al ver correr aquella historia cuando observa de vuelta a aquellas manos diminutas introducirse en la pecera intentando pescar un pez pero no lo logran salpicando agua sobre el parquet y entonces Bernstein sueña que alza la voz diciendo:
-¡Adenina! No hagas tiradero, deja la pecera en paz y no desperdicies la comida de los peces, ¡Vamos corazón! De pronto en un íntimo deseo el profesor observa a la alumna acercarse hasta donde estaba Adenina y con un pañuelo le limpia la nariz. Aquella niña es el símbolo lleno de esperanza para el profesor. Bernstein se quedó dormido soñando que jugaba con su hija a construir castillos apilando y contando pequeños cuadritos de plástico de múltiples colores en la sala de televisión pero al amanecer, se despertó animoso y mientras se estiraba sobre el colchón Jenny metía ropa en un pequeño maletín.
-¿Qué haces?
-Lo que te dije anoche. Contestó Jenny. Voy camino al hospital ¿vienes o te quedas?
-¿Qué? ¿En serio? Puedes poner tu vida en riesgo y no creo que seas tú quien debe decidir si elimina o no a un producto.
Jenny metió agitada la ropa echa bola en el maletín, lo cerró y se sentó sobre la cama mirando el televisor apagado.
-Si Javier. Tengo cita a las diez de la mañana con un médico e iré contigo o sin ti.
Bernstein llevó las manos a su cabeza, lanzó un cojín contra el espejo y jalándose el cabello exclamó:
-¡O por Dios! Porque no eres capaz de comprender que adentro de ti llevas una fuente de riqueza que portara tus rasgos quizás, tu adn, tus genes, …l..os mi..os.
-¡Basta! ¡No lo quiero y ya! ¿Me acompañarás al hospital? Responde, ¡si o no!
-No.
Jenny se tomó lo poco que quedaba de un jugo de naranja, se levantó de la cama y nerviosa y agitada salió de la habitación. Bernstein se quedó acostado mirando el techo y luego se tapó la cara con la almohada. Se escuchó un portazo, Jenny se había marchado y de pronto Bernstein comenzó a sudar, se puso en posición fetal y apretaba los puños con gran fuerza cuando comenzó a contar números, y así contando números se le fueron un par de horas cuando de pronto gritó:
-¡Basta!
Al levantarse de la cama se percató de que no podía dar el primer paso. Comenzó a ver que las paredes se venían encima de él conspirando en su contra, se echó en la cara el agua que contenía un vaso posado sobre el buró y se colocó los lentes. Entró en la regadera y comenzó a bañarse de manera obsesiva. Se acabó un jabón y salió de la regadera para buscar uno nuevo. Continuó bañándose y al salir de la regadera notó que sus manos las tenía arrugadas de permanecer tanto tiempo debajo del agua. Se secaba el cuerpo cuando comenzó a olerse la piel. En la habitación comenzó por buscar la ropa que se iba aponer y tiraba una a otra las camisas sobre el suelo hasta que encontró una blanca y unos pantalones guangos de color beige. Varias veces roció loción sobre su cara y al bajar las escaleras sacó la grabadora de su bolsillo y comenzó a contar los escalones. Al llegar a la puerta comenzó a reír y dijo:
-27 escalones para llegar a las puertas del infierno. Sí, sí, sí. 670 pasos de lo que pudo ser un hogar hasta la parada del autobús para llegar a una Universidad en donde solo me hago el idiota, el pendejo. Toda la vida humana es un gran fiasco. Todos somos unos seres débiles afligidos por no contagiarnos de enfermedades incurables, yo …yo soy uno más. Pero, cómo podrá esa criatura mía denunciar el abuso que estará a punto de sufrir. Oh dios, dime por qué nunca verá el sol. Creo que esta ha sido la única oportunidad que se me ha presentado para ser padre y mira, Ja. Anoche yo la soñé, sí, era una niña apiñonada de pelo rojizo. Su nombre; Adenina, si Adenina, una potencia portadora de mi ADN. En fin, Jenny y yo somos unos completos idiotas, miro pasar a la gente por la avenida y todos me dan asco. Ahora maldita grabadora ya no sé si creo en ti pero te definiré a un hombre social; un hombre social, tiene un trabajo y un hogar. Una rutina, una vida común repleta de amistades de doble cara, sí de doble cara, de triple cara y quíntuple cara. Yo, yo también soy un ente, pero creo que nací en la galaxia de Andrómeda o un poco más lejos. Este planeta llamado tierra es el templo de la muerte donde pululan los zombis y cualquier Andromedano diría que somos excéntricos y enigmáticos idiotas ¡estúpidos a decir verdad! Ahora voy a llegar en unos minutos al laboratorio donde me haré un par de horas más el idiota y volveré a casa a esperar a que regrese Jenny con el vientre aspirado, ¡sí aspirado y chupado por una sanguijuela mata cigüeñas! Pero debo actuar como un hombre de mente abierta y le diré que olvidaremos lo sucedido y continuaremos con nuestra relación. Sí la quiero demasiado. Olvidaremos. Umm, olvidaremos …lo olvidaremos.
Bernstein volvió a eso de las 7 de la tarde y la casa estaba oscura, dejó el abrigo y los guantes sobre un taburete. Sacaba del refrigerador una cerveza y se sentó a esperar mirando su reloj y eran las 8.37 de la noche, tomó el celular y para contactar a Jenny pero el teléfono se encontraba en el buzón. Bernstein afligido comenzó a llamar a distintos hospitales pero nadie le da seña del paradero de la chica. Se acostó boca arriba con la mirada fija en una ranura entre el techo y la pared de la habitación cuando de pronto sonó el teléfono y era Jenny.
-¿Hola?
-Javier, sé que soy culpable de una pérdida pero debes saber que fue lo mejor que debí hacer puesto que no estoy preparada aun para ser madre. Ahora me quedaré en casa de Lucy mi amiga. ¿Javier?
-¿Dime Jenny?
-Hemos terminado. ¿Lo entiendes? Ahora tengo que colgar. Adiós, no quiero seguir así.
-¿Jenny? Je… Je… Jenny. ¡Jenny! Exclamó el profesor Bernstein cuando del otro lado ya se había cortado la comunicación. Bernstein supo que no pasaría más de un día con Jenny y que la vida seguía y seguiría entre células, microscopios y moléculas.