Esto no estaba en mi imaginación:
Te encontré afuera de una cafetería en Mazaryk. En el sitio que jamás imaginé. La luna menguaba y al instante que te vi pasar corrí hacía ti sabiendo que iba arriesgándolo todo. Te grité por tu nombre y al voltear volviste a mí, quisiste abrazarme y tengo que aceptar que me rehusé intentando prevenir que me vieras soltar en llanto. La distancia de unos cuantos centímetros era un verdadero abismo y el miedo al caos me animaba a salir corriendo, a dar la vuelta y alejarme. Descontrolado me preguntaste cómo me encontraba y cuando los nervios me hicieron presa, no te lo dije, pero con el tiempo fui recuperado la fe y he logrado sueños inimaginables. Hemos cambiado, te dije, y con toda el alma aseguré:
Perdóname. Te quedaste con mal sabor de boca ¿cierto?
Querido, ahora mi alma deambula en paz, porque sé que hice lo correcto, aunque ¿tú? Tú hablabas poco y nunca hubo arrepentimiento de tu parte. Pero ya no importa. Vivo momentos intensos de resurrección. Y aquella ocasión mientras tanto, en un arrebato quise rozar mis labios con los tuyos, pero al saber que tienes otra mujer me acobardé por respeto. Quería decirte tantas cosas pero:
¡Calla! Me dictó el corazón.
Tu apariencia era la de un hombre nervioso. Parecías un gato indefenso y aseguraste envuelto en una nube con los ojos húmedos:
-Por qué te fuiste tan lejos. Me abandonaste sin decir adiós. Bien sabes que pudimos seguir juntos por siempre.
Y al final me envolviste en tus brazos diciendo mucho al acto. Sentir tu calor fue como un hermoso recuerdo. Al instante me dijiste que tenías prisa y cuando te despediste, vi tu figura cruzar la calle y desaparecer entre el gentío sintiendo que al compás de tus pasos aquel encuentro era el final definitivo, de que con tu partida la llama de nuestro amor se apagó para siempre en Avenida Mazarik. Así que volví a la mesa del café. Mi amiga amorosamente se prendió de mi mano y entonces largué en llanto. Lloré porque me fui percatando de que nunca fuiste mío. De que no naciste para mí. Si te importa saberlo, hoy me he alejado de mucha gente, y la pasión por otras ilusiones me cobija todas las mañanas con distinto ritmo. Recuerdo que aquella noche recorría la casa de calle Hegel y sentía tu aroma en mi suéter. Así que tomando café decidí huir y viajé a Puebla en busca de redención. Así fue corazón aquella despedida nos separó eternamente. Respirando profundo dentro de un autobús me atraparon Wembley y otros detalles. Pero ese día todo lo cambió; ocho años junto a ti se esfumaron en unas horas y hoy tomando café ya no te recuerdo. Te propongo que ambos callemos por siempre aquel viejo amor.
Déjame caminar. Despídeme con tu silencio. Déjame escuchar la radio sin que retumbe en mi oído tu canción. En fin, que importa ya. Ambos hemos encontrado un lugar donde reposar. Sin duda sé que esta carta llegará hasta donde estés. No lo dudo ni un segundo. Chau hermoso. Chau. Alba.